Sólo el agua de los floreros Teatro invisible para la prevención del alcoholismo

Sólo el agua de los floreros Teatro invisible para la prevención del alcoholismo

Fundación SaludArte Auspiciado por: Junta Nacional de Drogas Por Mariana Monné

En el marco de la celebración del Día del Patrimonio, el sábado 4 de octubre del corriente año la Fundación SaludArte, con el auspicio de la Junta Nacional de Drogas, realizó una intervención de Teatro Invisible en la Terminal Tres Cruces, con el objetivo de proteger la salud, entendida como patrimonio intangible de los uruguayos y uruguayas, sensibilizar a la población y prevenir el alcoholismo.

El teatro invisible es una ficción que irrumpe en la realidad, como si fuera parte de ella. El público no sabe inicialmente que se trata de una ficción por lo cual la acción dramática se percibe como si fuera parte del contexto social. Esta cualidad del teatro invisible permite sensibilizar al público produciendo un mayor impacto entre los presentes.

La actividad artística consistió en sucesivas representaciones realizadas en distintos puntos de concentración de gente. La ventaja de este tipo de teatro es que permite interactuar con el público de una forma particular: en tanto se desconoce que se trata de una escena preparada, la reacción suele ser más intensa a la que puede darse frente a una obra convencional; los actores se confunden entre los presentes y la escena fluye por otros canales donde la improvisación, la sorpresa y el diálogo se nutren de las reacciones de todos.

Frente a la algarabía de unos jóvenes que irrumpieron en la terminal cantando, riendo, hablando a todo volumen, abrazándose entre sí, portando una botella cuyo contenido no era visible, usando instrumentos musicales y celulares, saludando alegremente y pidiendo al público que les sacara fotos, las reacciones fueron variadas. Precisamente, lo variado fue representativo de las distintas idiosincrasias y perspectivas sobre la cuestión de los jóvenes y el alcohol, y esto permitió visibilizar distintos ángulos del tema. Frente al bullicio, hubo quien se alejó rápidamente, otros intercambiaron miradas entre sí, desconfiados e inquietos por el posible descontrol que asociaban a la manifestación de alegría y espontaneidad con que se desarrollaba la escena, otros se reían y disfrutaban de lo que estaban presenciando. El grupo de jóvenes actores se hizo pasar por una barra de amigos que esperaban el ómnibus para viajar por el fin de semana. Un actor, que durante el primer tiempo se había mantenido ajeno a lo que sucedía, los interpeló para que dejaran de hacer alboroto, asumiendo que estaban alcoholizados. Seguramente, muchos de los “espectadores” habrán considerado hacer lo mismo, pero curiosamente nadie pasó el límite de las miradas y las sonrisas, algunas nerviosas y otras cómplices. Es que las personas solemos mantenernos en el rol de espectador más que en el de actor, aún cuando tengamos un papel importante a cumplir en la obra.

Entonces, se produjo un encuentro entre el estilo formal, convencional y conservador de un adulto y el informal, espontáneo y desvergonzado de los jóvenes, encuentro que dejó patente la incomprensión de la otredad: el adulto asumió que la juventud se comportaba de forma desinhibida porque consumía algún tipo de excitante (alcohol, drogas, etc). Ahí se presentó el núcleo del problema: ¿la diversión implica, necesariamente, el consumo de alcohol? Esta pregunta fue revertida hacia el público por los actores: ¿a vos te parece que estamos alcoholizados? ¿vos siempre tomás algo cuando querés divertirte? ¿te parece que podemos divertirnos sin alcohol?

Muchos de los “extras” que estábamos allí sin intervenir, nos mantuvimos atentos a las conversaciones entre los espectadores, tratando de escuchar sus comentarios y captar qué pensaban. Algunos comentaron que los jóvenes eran hiperactivos, que tenían demasiada energía, con cierto tono de queja; otros, que la libertad era mal comprendida por los jóvenes, sugiriendo que seguramente habían consumido alcohol o alguna otra sustancia. Parecía que esas personas creían que como el alcohol desinhibe, si había alguien actuando de forma abierta y sin tapujos, necesariamente debía estar bajo su efecto. Existe una fuerte carga de prejuicio en ese sentido que se refleja en una actitud de intolerancia.

La contracara del problema es que algunos jóvenes, y no sólo ellos, están convencidos de que, para sentirse más libres y seguros en situaciones de interacción con los otros o de diversión, deben consumir alcohol o drogas.

Hay dos mitos que la actividad permitió cuestionar: “jóvenes + diversión es sinónimo de alcohol”, y “no existe divertirse sin tomar”.

Hubo también quienes se identificaron con los jóvenes y colaboraron activamente sacándoles fotos, haciendo comentarios, interactuando, riendo y celebrando su espontaneidad, su amistad y su alegría. “¡Sigan así, muchachos, eso es vida!”, “Hay que pasarla bien, como ustedes”, fueron algunos de los comentarios que pudimos escuchar.

Luego apareció otro actor que se había mantenido al margen hasta ese momento y volvió a increparles que allí no podían estar en ese “estado”. Este último “enfrentamiento” concluyó con una pirámide humana formada por los actores, en cuya cima portaban un cartel que decía “Divertite sin alcohol”. Algunas personas del público aplaudieron, otras sacaron fotos y otras miraron de reojo y prosiguieron su camino.

La jornada fue exitosa; se logró generar impacto, reflexión y diálogo acerca de la temática. Las personas que participaron y las que al finalizar fueron informadas de quiénes éramos y qué buscábamos con la actividad, elogiaron la forma en que se había abordado el tema; incluso, insistieron en que sería muy bueno ampliarlo a otros espacios y difundirlo de forma más masiva y sistemática.

Confiamos en que los mensajes transmitidos de forma artística no convencional, con una consigna clara y fuerte, tienen mejores chances de ser recordados.

Montevideo, 4 de octubre de 2008

Actores: Analía Álvarez, Virginia Arzuaga, Ioel Bethania, Gastón Caperchione, Camila Freire, Sebastián García, Rodrigo Peña, María Noel Rosas, Ánika Rotzinger.

Música: Gabriel Arioni Dirección artística: Rasia Friedler

Coordinación: Daniel Ullmann

Fotografía: Marby Blanco

Crónica: Por Mariana Monné Descargar

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