Promoviendo procesos creativos en tiempos de incertidumbre

Promoviendo procesos creativos en tiempos de incertidumbre

 Prácticas organizacionales basadas en fortalezas -Seminario-taller

Psic. Rasia Friedler

Con la participación de:
Compañía de Danza Espontánea de SaludArte

Organiza:
Fundación SaludArte

Apoya:
Fundación Avina

Cristina Canoura

Fueron llegando de a uno y se ubicaron sentados en círculo, en el luminoso salón de conferencias del Punta Trouville Apart & Suites. Alrededor de 15 representantes de diferentes organizaciones no gubernamentales asistieron a este seminariotaller impulsado por socios de la Fundación Avina y organizado por la Fundación SaludArte.

El encuentro forma parte de un ciclo de jornadas de sensibilización y capacitación sobre “Nuevos enfoques y herramientas para la creatividad social”, en el marco del proyecto “Experiencias exitosas de Desarrollo Sostenible en Uruguay realizadas con el apoyo de Fundación Avina (2001-2009)”.

El desafío de la jornada era identificar fortalezas y problemas propios de las organizaciones y descubrir formas creativas para solucionar estos últimos colectivamente.

En momentos en que las sociedades viven un creciente debilitamiento de las instituciones, en especial del Estado y la familia, la creatividad es el antídoto, afirmaron los organizadores.

Daniel Ullmann, coordinador del área hospitalaria de SaludArte, planteó que el desafío es buscar maneras eficaces de incidir en las políticas públicas. Una de las ideas mencionada por Daniel es que “para transformar los contenidos es preciso transformar las formas”. Así, el intercambio fermental entre organizaciones que experimentan problemáticas similares se plantea como uno de los caminos para entender y afrontar los momentos de crisis.

Uno a uno, los y las participantes se fueron presentando. Más tarde se fueron sumando otros. Humberto Demarco es presidente de la Red Especial Uruguaya y director de Politeama, una revista electrónica editada por el Taller Cultural itinerante llamado “Sin sosiego”, una de cuyas propuestas es tratar de estimular los sentidos, dejándose llevar y transitando por caminos que no dependen de la visión.

Silvina Hornos es consultora y capacitadora en gestión humana de organizaciones en actividades relacionadas con la creatividad.

Ana Laura Meneses es educadora y pertenece al Centro de Promoción de la Dignidad Humana (Ceprodih), el cual trabaja con víctimas de la violencia doméstica, en especial madres y niños.

Roxana Machado representa al Grupo de Estudios sobre Discapacidades (Gedis), del Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales. Se trata de un grupo de extensión universitaria que se propone trascender la esfera académica y sensibilizar sobre las vivencias de la discapacidad.

La española Susana Soto hacía dos días que acababa de arribar al Uruguay para participar en una pasantía en la Red de Educación Popular entre Mujeres (Repem)

Lee Martínez es el encargado de desarrollo institucional de Endeavor, una organización que recibe fondos de organismos financiadores para estimular el desarrollo de emprendimientos locales.

Juan José Oña, del Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (Ceuta), busca la creatividad a partir de la tecnología.

La organización a la cual representa se dedica a la investigación y aplicación de tecnologías apropiadas y uno de sus objetivos es estimular proyectos comunitarios y movilizar a los jóvenes de cada comunidad. También es de su interés comunicar los procesos en los cuales está comprometido a través de audiovisuales.

Ariel Castelo, es director de La Mancha, una organización dedicada desde hace 20 años al fomento, capacitación e investigación sobre el juego.

“El territorio del juego es particularmente propicio para disparar potenciales creativos de la gente”, asegura Ariel. Paula Olivera, del Instituto de Promoción Económico Social del Uruguay (IPRU), fundado en 1965, trabaja con niños, niñas y adolescentes de la zona oeste de Montevideo.

Daniel Moreira, psicólogo de INAU-Cenfores (Centro de Formación y Estudios), es también docente de la Facultad de Psicología. Trabaja en un programa denominado “Caja de Herramientas” destinado al fomento de experiencias creativas entre los educadores.

Rasia Friedler, directora de SaludArte y aliada de Avina, subraya la importancia de “poner en foco” la necesidad de fomentar y desarrollar el potencial creativo en la ciudadanía, de promover la innovación como estrategia de desarrollo y generar espacios para la producción de creatividad en las organizaciones, para que funcionen como verdaderas “usinas de ideas”.

Llamó a los participantes a considerar la creatividad social como un fenómeno que requiere de espacios tolerantes y abiertos en un mundo cambiante e impredecible, y también a “colectivizar esta creatividad para que revierta de forma positiva en el conjunto de la sociedad”. Agregó que el enfoque organizacional basado en fortalezas promueve la capacidad cooperativa necesaria para gestionar el cambio. Esto implica identificar, reconocer y desarrollar las fortalezas de las personas y equipos que integran la organización. Friedler destacó “la necesidad de promover la creatividad social, que incluye y a su vez trasciende la individual” y se refirió a los diferentes momentos del proceso creativo: la inmersión, la incubación, la iluminación, la evaluación y la elaboración.

“Sin incertidumbre no es posible crear. El proceso creativo no sólo permite conocer cómo son las cosas, sino imaginar cómo podrían ser. Y para poder percibir la distancia entre lo que conocemos y las posibilidades por conocer necesitamos desarrollar ciertas actitudes y valores como la flexibilidad, la proactividad, la sostenibilidad, la confianza y el espíritu de riesgo. Los modelos organizativos son otro factor determinante para fomentar o inhibir la creatividad social”, sostuvo Friedler.

En ese sentido, hizo referencia a la Wikipedia y el Software libre, como ejemplos de iniciativas anónimas que han logrado la “fertilidad de conexiones inusuales”. También mencionó a los denominados “prosumidores”, personas proactivas que voluntariamente se involucran en campañas o reportan su opinión sobre determinados productos, marcas o servicios, involucrándose en su desarrollo.

Sus preguntas disparadoras fueron: ¿Cómo reconocemos y valoramos la creatividad social? ¿Y las fortalezas? ¿Por qué algunos equipos se tornan reactivos en lugar de proactivos? ¿Qué factores traban la creatividad al interior de las organizaciones? ¿Cómo desarrollar las habilidades, conocimientos y prácticas necesarias para el fortalecimiento organizacional basado en paradigmas innovadores?

Para Hornos, en referencia a lo que se denomina capacitación recreativa, hay estructuras organizativas que cortan la posibilidad de que la gente se exprese. Los prejuicios, en general, suelen ser la principal barrera.

Sin embargo, constata que en la actualidad son muchas las empresas que solicitan este tipo de actividades aunque recurran a diferentes nombres. “Siento que se están quebrando barreras. Ya jugar no es mala palabra. Hace diez años, aceptar cerrar los ojos era impensable”, sostuvo.

El miedo al ridículo es, posiblemente, el bloqueo afectivo más frecuente, subrayó Friedler. También enumeró los bloqueos perceptuales (ver apenas lo evidente), cognitivos (excesivo apego a la lógica), conativos (falta de curiosidad y de interés) y socioculturales (patrones socioculturales y políticos restrictivos del pensamiento crítico). Algunas preguntas a plantearse son: ¿Cuáles son nuestras fortalezas organizacionales? ¿Qué, por qué, quiénes, cuándo, cómo, dónde? ¿Compartimos el sistema de valores de la organización en la cual trabajamos? ¿Nuestros aportes son tenidos en cuenta?

Para identificar cuáles son los obstáculos que inhiben la creatividad de los participantes en sus respectivas organizativas y descubrir entre todos nuevas perspectivas, Friedler introdujo a la Compañía de Danza Espontánea.

Para ello, planteó a los participantes un ejercicio muy sutil: pensar apenas en una situación o en un problema vivenciado en la organización donde trabajan. Cerrar los ojos para concentrarse en su identificación, atraparlo en todos sus detalles. Responder a qué, quién, cuándo, cómo, dónde… ayudaría a clarificarlo.

Lee, de Endeavor, se animó a contar su historia. La empresa a la cual pertenece recibe fondos de organismos internacionales, destinados al fomento y desarrollo de diferentes emprendimientos. En los hechos, él se ha transformado en un agente de presión, para que el proceso de rendición de cuentas se haga en tiempo y forma.

Se muestra preocupado y desconforme de no haber podido lograr que el personal a su cargo cumpla a cabalidad el registro administrativo de esos procesos.

“Cuando se les pide algún dato adicional lo ven como una exigencia extemporánea de Lee”, acota. Mientras, el equipo de SaludArte inicia sus ejercicios de calentamiento. Todos de negro y descalzos realizan ejercicios de estiramiento. Cada uno el suyo; todos diferentes.

Comienza el despliegue de accesorios. En un perchero se cuelgan telas de diferente textura y color: tules, sedas, metalizadas.

Bruno, una especie de juglar despliega a su lado sus instrumentos: un tormentófono, pandereta, maracas, un tamburim brasileño, un cilindro de madera, un agogô de caña y su propia voz. Usará cada uno según la circunstancia y el momento.

Las escenas de danza espontánea van a comenzar. No todos los presentes saben en qué consiste. La conductora va dando las pautas.

Un narrador sale del público y ofrece la historia que los actores precisan para improvisar. Pero antes de oírla ellos mismos se presentarán de a uno y contarán algo personal con relación al tema del seminario. El resto, lo escenificará. Un gong, de timbre agudo, marca el principio y el fin de cada acto.

“Soy Sebastián, me han pasado miles de cosas. En un momento me quedé sin casa, sin trabajo y sin pareja. No sabía por dónde arrancar. Entonces decidí parar, detenerme y sentarme a pensar”.

Rodrigo recuerda una experiencia de su niñez cuando con otros niños estaba muy divertido jugando a la pelota. En un momento, el dueño de la pelota dio por terminado el juego y se la llevó. ¡Con lo divertidos que estaban! Entonces, a alguien se le ocurrió pedirle al vecino una “verija” de chancho, trofeo de una reciente carneada, la cual inflaron y la transformaron en una peculiar pelota que les permitió seguir divirtiéndose.

“Me hace acordar de mi abuela que antes de morir me dijo que el mundo es un barco que se hunde y yo tenía que cantar”, evoca Ioel.

María Noel cuenta que cuando iba a la escuela, en un tiempo, en el comedor de la escuela no había comida. “Los de 5º íbamos a los almacenes del barrio a pedir alimentos y a cambio les cantábamos una canción”.

Daniel dice que en momentos de incertidumbre siente que tiene “un caos interno en la cabeza” y precisa “hacer una pausa, elegir para poder avanzar”.

“Me gustaba mucho una chiquilina pero por su forma de ser sabía que no podía atomizarla. Entonces, empecé a dibujar en una pared cada vez que quería estar con ella. La pintura terminó siendo un mural y hoy la chiquilina está conmigo”, narró Bruno, el juglar.

Rasia, a su vez, contó que en su familia, compuesta por marido y tres hijos, todos están muy ocupados por lo que en ocasiones la casa está un tanto desordenada. Un día, la hija menor planteó que se había anotado en un programa de intercambio cultural e iba a venir una chica a vivir con ellos.

Lo que en un principio pareció ser un “problema,” los impulsó a ordenar “el caos” doméstico con creatividad y en familia. Los participantes van entrando en ambiente a la luz de lo que vieron.

“¿Cómo están?”, pregunta Rasia. “Bárbaro”, responden. “Una escultura fluida que represente esta sensación”, sugiere ella a los actores. Tras recoger otras sensaciones de los participantes y recrearlas desde la escena, es el momento de retomar y escuchar el problema planteado por Lee: “Desde los procesos hay una exigencia alta de información.

La gente lo ve como un problema y no indivdualiza la exigencia en la institución sino en mí. Intento hacerlo de la forma más amigable posible. Les guste o no les guste tienen que cumplir.

Al principio tuve que hacer un proceso de aprendizaje y adelantarme a pedir ciertas cosas, para que no se sorprendieran llegado el momento. Cuando vi que por ahí no iba hablé con mi jefa y reuní a todos.

Este proceso lleva ya como un año y medio y hay rispideces porque las demandas se han incrementado. El fin es que el financiador quede contento y siga apoyando”. El título elegido por el narrador para la escena es “Cómo desarrollar un proyecto y no morir en el intento”.

Sebastián representa a Lee. Ordena cubos negros de madera de uso múltiple: por momento son bancos, o tarimas o camas. María Noel, envuelta en tules y telas laminadas, representa a uno de los organismos financiadores de la organización.

Daniel y Rodrigo, a parte del equipo que debe cumplir con las demandas y exigencias. Cada uno en su rol. El Banco le exige a Lee; este trata de explicarle a los empleados las exigencias del banco, los empleados cumplen (o no) a su ritmo.

“¿A alguien se le ocurre alguna alternativa para solucionar el problema? ¿Qué haría?”, pregunta Rasia al público participante una vez finalizada la escena. “Parar la situación y bajar un cambio”, sugiere Paula, de IPRU.

“¿Quién podría dar la orden de parar?”, vuelve a preguntar Rasia. “Lee debería ser quien da la orden de parar”, identifica Paula y es invitada a tomar el lugar de Lee entre los actores. Como forma de graficar el caso, la tapan de telas.

Ella, calma, con mesura, los invita a tomar asiento para hablar con tranquilidad y crear un espacio de diálogo. “El mundo no se termina en un día. Es necesario hablar las cosas en su debido momento. Mañana a las 9 nos juntamos acá y conversaremos sobre cómo organizarnos mejor”, concluye.

Esta escena ofreció una nueva perspectiva, y posible solución, del conflicto. Rasia alienta a que algún otro participante cuente historias sobre las fortalezas dificultades inherentes a su tarea.

Jorge trabaja en el asentamiento “Villa del chancho”. Hasta hace poco tiempo, allí vivían 28 familias sobre un vertedero de basura, las que fueron realojadas en dos predios, uno urbano y otro rural.

En el rural, de 11 hectáreas, viven los que crían animales y recolectan residuos. Está planeado hacer allí una huerta. Con esta división, a Jorge le preocupa “cómo crear comunidad” a partir de dos predios donde cada uno se califica como “los de arriba” y “los de abajo”.

Los de un área se resisten a ir a construir casas de los de la otra, pese a que se han organizado muchas actividades en común, como una kermesse. En la actualidad, el merendero está en el área rural pero los de la zona urbana, con distintas excusas, no quieren mandar a sus niños allí.

Daniel será Jorge. Las dos actrices encarnarán a los vecinos del sector urbano dedicados a changas y a la clasificación de residuos. Otros dos actores, a los que viven en el predio rural donde se crían cerdos.

El título de la representación será “La villa unida” y se desarrollará en tres tiempos. El asentamiento, la división y, finalmente, Jorge y su propuesta de generar comunidad. Esta vez las telas ocupan el centro de la escena.

Se transforman en trapos, habrá que clasificarlos. Ioel se viste de rojo, se ata la tela al cuello un pareo. María Noel, se pone una seda celeste en su cintura. Hacen como si hurgaran en la basura. Daniel, los rodea, los invita a sentarse.

Jorge se sorprende positivamente y dice que la situación que escenificaron es casi igual a lo que sucede en la realidad. Nuevamente Rasia pregunta a la audiencia si a alguien se le ocurre de qué manera se puede volver a reunificar a ambos grupos.

Jorge acota que el proyecto tiene ya cuatro años y que una vez por semana se realiza una asamblea, se hacen talleres de cooperativismo y de convivencia, pero que al momento de actuar no se aplican las nociones trabajadas.

Rasia invita a los participantes a focalizar en posibles soluciones. Jorge aclara que ya han pasado casi dos años de intentos y le gustaría dejar el final librado a los bailarines-actores.

Los artistas imaginan un final diferente: una cancha de fútbol en el medio de los dos predios. Frustración: la cancha ya existe en la realidad y también un camino construido en conjunto.

Habrá que seguir buscando otras alternativas creativas. El final se acerca y es hora de evocar las vivencias recreadas y actuadas de manera espontánea. Los actores se ubican en un círculo dándose la espalda entre sí y comienzan a girar: el propio movimiento despliega las diversas escenas representadas durante el taller con gestos, dichos, expresiones, sonidos.

¡Qué difícil es encontrar soluciones! En ciertos casos, es el tiempo el que las da, concluyen dos participantes. ¿Cuál tiempo? ¿El tiempo cotidiano, el tiempo escénico, el tiempo musical, el tiempo histórico, el tiempo grupal, el tiempo subjetivo, el tiempo cronológico?

Dejarse llevar, sin miedo a la incertidumbre, concluye otro. Las experiencias narradas y recreadas artísticamente iluminaron algunas facetas de la creatividad social en las organizaciones. ¿Cómo no soltar entonces las amarras de nuestro pensamiento y dejar, en nuestras vidas, que lo nuevo suceda?

Montevideo, 14 de agosto de 2009

Compañía de Danza Espontánea
– Fundación SaludArte

Conducción:
Rasia Friedler

Danza-teatro:
María Noel Álvarez, Ioel Bethania, Sebastián García, Daniel Jorysz, Rodrigo Peña.

Música:
Bruno Daguer

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