¿Por qué el arte?

¿Por qué el arte?
El marco

En la tarde del 11 de setiembre de 2010, la Fundación Saludarte realizó una actividad de Teatro Espontáneo en el marco del “II Encuentro: El arte en la escuela de hoy, aportes para la praxis de la educación artística”, organizado por el colectivo Jauja, que tuvo lugar en el Aulario de la Facultad de Ingeniería. El objetivo del encuentro fue promover la vivencia, intercambio y reflexión sobre la educación artística en la escuela. La compañía teatral de SaludArte se presentó con un espectáculo colectivo titulado “¿Por qué el arte?”. Rasia Friedler, directora de la Fundación, se dirigió al público desde el rol de facilitadora proponiéndole realizar una obra colectiva, con la participación improvisada y espontánea de todos los presentes.

En el principio era el verbo…
Las primeras respuestas vinieron del lado del escenario. Los actores se fueron sucediendo uno a uno, narrando experiencias personales con las que intentaban dar respuesta al por qué del arte en sus vidas. Así, José, con mucho humor, contó una historia en la que la actuación le había evitado ir preso. Noel manifestó que para ella el arte es una forma de mantenerse en contacto consigo misma. Rodrigo, el músico de la compañía, expresó que el “por qué del arte” es una pregunta que seguirá dándole vueltas por mucho tiempo y, utilizando la imagen de una planta en una maceta, logró transmitirnos el poder liberador que tiene el arte para él. Last but not least, Rasia nos contó que cuando tenía doce años se enamoró de un chico y descubrió la poesía como fruto de una necesidad de expresión. A cada narración iba sucediéndole la elaboración improvisada de los actores y el músico, que con el material de las historias fueron construyendo figuras estéticas, escenas y climas donde confluían armónicamente la emoción y el humor.

¿Y, por qué el arte? ¿eh?
Ahora la pregunta venía para el lado del público. Rasia llamó la atención sobre la abstracción con que generalmente nos hacemos este tipo de preguntas, que parecen referirse a construcciones generalizadas que suceden en un (no) lugar desligadas de los sujetos concretos (El arte, La razón, El pensamiento, etc.), pero que sin embargo “son cosas que nos pasan en el cuerpo y nos conmueven profundamente”. A la pregunta de cómo se sentía, las personas del público manifestaron de forma casi unánime que se encontraban muy divertidos. Así, los actores improvisaron con sus cuerpos una “máquina” de diversión que causó mucha gracia y bienestar entre los presentes.

De forma espontánea, el público fue balbuceando algunos significados con los que identificaban al arte. De esta manera surgieron palabras como: alegría, resistencia, volar. Para estas respuestas se elaboraron distintas formas en la que los artistas interpretaban las sensaciones emanadas desde el público. Una vez que el público se familiarizó con la propuesta, la facilitadora preguntó por situaciones concretas, experiencias donde el arte hubiera jugado un papel importante en la vida de cada uno, en su transformación. Esa era la cuestión: enlazar el arte a una experiencia personal y concreta para compartirla con los demás.

Las respuestas Una persona del público manifestó que mediante el arte “nos conectamos con los otros, con la esencia de uno y la del otro” y que mientras “afuera está la mentira” en el arte parece existir más verdad. Otra persona manifestó que el arte “es como respirar”. Rasia entabló un diálogo con ella, intentando saber más detalles para posibilitar la recreación escénica: “¿cómo sos tú?” “Sensible, complicada, contradictoria” ”¿ y en la situación que estás evocando, dónde te encontrás?” “Volando, cerca de todos “¿qué título le pondrías a lo que acabas de narrar? “Volar”. Y asistimos a esa escena.

Luego otra persona intervino para compartir su historia con todos. Contó sobre una charla que tuvo con su abuela en la que le comunicó su decisión de cambiar de carrera: “le conté a mi abuela que iba empezar Bellas Artes” “ y me dijo “ ¡ah, no te puedo creer!”. Estaba haciendo trabajo social pero “ no aguantaba más” y “ no me animaba a hacer Bellas Artes”. Definió a su abuela como “ chiquita y conservadora” aunque “ es la mejor abuela del mundo”. Los actores improvisaron una escena donde reinó el humor y la ternura.

Luego algunas personas del público se sumaron al escenario para participar como actores y músicos espontáneo. De este modo la frontera público-actor-obra se subvirtió transformándose en un verdadero trabajo colectivo.

La última historia transcurría en la escuela y sus protagonistas eran: Marta, una maestra rígida y conservadora; un niño “insoportable, caprichoso, enérgico, que molestaba y hacía reír a sus compañeros” y otra maestra relajada y joven. En la escena “La sonrisa de Marta” se evidenció – a través del recurso humorístico- cómo los dos modelos propuestos entraban en conflicto y cómo ambos tenían sus dificultades. Así, la joven maestra oponía a las soluciones de la maestra rígida ( castigos, exposición, falta de comprensión) medios artísticos para que el chico “sublimara” su comportamiento hiperactivo.

Por último, los actores recrearon a través de un círculo en movimiento algunos de los momentos más intensos del espectáculo. Para terminar, la facilitadora destacó la importancia de formar seres humanos sensibles, expresivos y creativos y alentó a los educadores presentes a seguir apostando a una formación integral en la escuela que incluya la “alfabetización estética”.

Una conclusión siempre inconclusa

Personalmente creo que cuando nos preguntamos, hoy en día, por qué el arte, nos preguntamos también por qué nos resulta tan difícil contestar esta pregunta. Sí, el arte es algo inmenso, multiforme, inabarcable, indefinible, inestable, inaprensible… Pero el arte no es algo que sucede en un no lugar o en un museo. Hay muchas razones (políticas, económicas, ideológicas) que nos atraviesan como fantasmas invisibles (¿invisibilizados?) cada vez que intentamos reflexionar sobre el papel del arte. Un espectáculo como este, por menor que pueda parecer su impacto, donde la pregunta del por qué o el para qué del arte se reconduce y se resignifica al preguntarse, más bien, por qué el arte para mí, por qué el arte en mi vida, cuál es mi experiencia concreta con el arte, pone la cuestión en otros términos. En 1934 John Dewey escribía un texto titulado “el arte como experiencia” donde, entre otras cosas, explica que el arte se origina como parte inseparable de la vida cotidiana. Vale la pena traer a escena “ las artes del drama, música, pintura, arquitectura (…) no tenían conexión particular con teatros, galerías y museos, eran parte significativa de una comunidad organizada”, para Dewey “ objetos que en el pasado eran válidos y significativos por su lugar en la vida(…) ahora funcionan aisladamente (…). Por este hecho se colocan aparte de la experiencia común y (…) acreditan una cultura especial”.

Para pensar el arte en la escuela es, diría, indispensable que se produzcan encuentros como este entre los educadores, donde se pregunten por su experiencia concreta y se reconduzca la discusión de un concepto que parece flotar en un lugar inalcanzable. De otra forma llevar adelante prácticas artísticas con niños reales partiendo de una abstracción es una empresa frustrada de antemano. Esta metodología teatral permite desmitificar y bajar del pedestal ciertas ideas que nos hacemos del arte (a través del humor y la espontaneidad, entre otros recursos). Conjuga, además, la reflexión con la praxis (se habla del arte pero desde el arte mismo). De esta forma ayuda a devolver al arte o a mirarlo desde el que es, por cierto, su lugar de origen: la experiencia, la vida cotidiana.

La pregunta

No puedo evitar pensar que me estoy escondiendo detrás de las palabras. La pregunta me acecha, se asoma por detrás de la puerta, pide por mí, por mi experiencia. Le contesto: empecé a escribir como forma de resistencia a todos los cambios que fueron sucediendo en mi vida personal, la poesía fue una búsqueda de mí, como la tierra firme en medio de la inestabilidad del agua. La poesía es constancia, estabilidad, presencia, un brazo hacia mí misma para tenerme conmigo. Es eso y es vicio: algo que se sirve de mí para sus propios fines.

Fundación SaludArte
Teatro-danza: Ioel Bethania da Costa, José Capelán, María Noel Rosas.
Música: Rodrigo Vignolo
Conducción: Rasia Friedler

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