Las cosas que suceden en el recreo y en la salida

Las cosas que suceden en el recreo y en la salida

Prevención del hostigamiento escolar a través del humor Espectáculo participativo – Fundación SaludArte – Compañía Clownback

El viernes 16 de julio de 2010, los niños de segundo y tercer año de la escuela N° 6 “Estados Unidos” fueron convocados en el patio, luego del ansiado recreo de las tres de la tarde, para participar de un espectáculo organizado por la Fundación SaludArte, con la colaboración del grupo artístico independiente “Clownback”. La idea fue compartir y trabajar con ellos distintas situaciones de hostigamiento que surgen a la hora del recreo o de la salida escolar.

Los clowns hacen su entrada. Cada uno tiene un instrumento en la mano. Ropa de colores, zapatos gigantes y narices rojas van llegando al patio que se transforma en un escenario de risas y algarabía. El espectáculo apenas ha comenzado y los niños ya están cautivados por los payasos que ingresan moviéndose de forma exagerada y graciosa, al tiempo que hacen muecas y bailan alegremente al compás de sus propios instrumentos.

Al otro lado de la línea imaginaria que separa a los niños del escenario, el público está inquieto, sorprendido, alegre y charlatán.

Marcelo, quien será el presentador y el facilitador del espectáculo, toma la palabra y se dirige a los niños. Explica que verán una función de clown pero que, al contrario de lo que sucede comúnmente cuando vamos al teatro, donde hay una obra dada, armada de antemano, este será un espectáculo que se forjará entre todos, participativamente, donde los clowns representarán diversas situaciones que emerjan desde los propios niños. Así, la temática que funcionará como eje de las distintas escenas será las “cosas que suceden en el recreo y en la salida”, temática que a su vez se transforma en el título del espectáculo.

El público, formado casi en su totalidad por niños, se muestra muy entusiasmado con esta idea de participar activamente proporcionando los materiales con los que se tejerán las escenas.

Los primeros en contar sus experiencias son los actores. Cada uno se presenta y cuenta alguna historia que le sucedió cuando iba a la escuela, en el recreo o en la salida, centrándose en experiencias de violencia, poco compañerismo, o alguna forma de discriminación que ejercieron o de la que fueron víctimas. Los clowns dicen sus nombres y estallan las carcajadas de los niños: Gusanito, Yogurta, Grafito, Timo y otros van pasando al frente a contar su historia, que luego es representada por los otros clowns. Se habla de una compañera “gorda y grande” que golpeaba a los demás, de otro compañero que se divertía escondiendo mochilas, de la violencia causada por ser de determinado cuadro de fútbol o del contrario, de noviazgos surgidos en el recreo, de un maestro que obligaba a bailar tango a sus alumnos, de un niño que siempre daba patadas, de un compañero al que todos molestaban, y de reencuentros después de muchos años que suscitaron en los protagonistas ganas de pedirle perdón al otro por lo sucedido cuando eran niños. Dieron cuenta así de la importancia y el significado que tienen esas situaciones que suceden en la infancia, que permanece en el sentir de las personas por mucho tiempo, y que contribuye a formar lo que somos.

A la narración de las historias sucede la representación que se caracteriza por el humor, los movimientos exagerados, los chistes, y la espontaneidad. La alegría parece inundar la escuela, asentándose en el escenario, donde es visible que los actores se divierten, y en las caras de los niños, que no paran de intercambiar risas y comentarios.

Ahora les toca a ellos ser protagonistas. Desde el escenario se les pregunta qué les pareció y qué experiencias quisieran compartir con los compañeros y con los actores. Se produce una gran agitación, muchos tienen la mano levantada, otros hablan sin escuchar lo que dicen los demás. Marcelo toma la palabra nuevamente con el fin de poner algo de orden, explicando que existen momentos para todos, tiempos para hablar y tiempos para escuchar. De este modo, elige a uno de los niños que tiene la mano levantada, y éste expresa que “en el recreo nos empujamos todos”. Se le pregunta entonces cómo se siente él y sus compañeros con esa situación. Surgen espontáneamente comentarios como “es horrible”, “te podés lastimar”, “te sentís mal”, y “te calentás”. A continuación los actores incorporan esa situación y construyen con sus cuerpos una “maquina” de pegar y empujar, y sobre todo de “sentirse mal y enojado”, tal como fue expuesto por los niños. Cada clown elige un movimiento que repite como un autómata, formando una gran máquina que causa mucha gracia e identificación entre los niños.

Luego, una niña cuenta cómo en el recreo los otros niños le piden que los convide con su merienda y finalmente ella se queda sin nada para comer. Marcelo le pide que elija a algún actor para que la represente y le pregunta por sus características personales, la niña elije a una actriz y contesta que se considera “buena compañera”. El diálogo continúa y la niña cuenta lo que siente cuando se produce esa situación, “mal y triste”. Cuando los clowns actúan vuelve a sentirse un intenso clima de bienestar, alegría, risas, gritos.

La tercera intervención está a cargo de un niño que cuenta que se siente discriminado porque algunos compañeros le dicen que es gordo y jorobado. Otro niño entra en el diálogo y le sugiere que cuente a los demás cómo es y qué es lo que hace cuando eso sucede. El niño contesta que se siente muy mal y les pega. Los clowns, que han estado escuchando la narración, vuelven a escena y con el mismo humor elaboran su historia, mientras que bien atrás en el público se puede ver cómo el niño-narrador disfruta de la representación con gran alegría y entusiasmo, tentado de risa.

Luego, el facilitador se dirige nuevamente al público que se ha ido animando más aún y que apenas contiene las ganas de contar sus experiencias, y les pregunta cómo se han sentido con lo que han vivido hasta ahora. Surgen voces desde todos lados que gritan “bien” “Muy gracioso” “contenta” “feliz”, etc. Los niños proponen ver una cascada de contento y felicidad, para representar la alegría que se ha vivido. Así, los clowns adoptan actitudes, gestos y movimientos muy graciosos que transmiten esa felicidad y ese placer compartido.

Las ganas de hablar y contar historias no han desparecido, muchos están impacientes por narrar sus experiencias y ver qué hacen los clowns con ellas. Un niño cuenta cómo los compañeros le piden que les preste todas sus cosas y luego lo culpan de quitárselas. El niño se define como “gracioso y muy duro pegando”. Otra niña cuenta que en el recreo hay muchos gritos y conversaciones a la vez, de modo que no puede escuchar lo que le dicen; ella se define como “buena compañera y me porto bien en la clase”. Luego de ver las escenas elaboradas a partir de esas experiencias, Marcelo vuelve a preguntar, para cerrar, cómo se han sentido. Afloran comentarios como “estuvo bueno”, “bien”,” feliz”, “aburrido”,”muy ruidoso”, “divertido”, entre otras sensaciones. También se les pregunta qué sentimientos les despiertan estas cosas que suceden en el recreo o en la salida. Algunos niños responden que se sienten mal y otros que les gusta pelearse. Cuando se pregunta si a todos les gusta la pelea, unos gritan con todas sus fuerzas que sí, y otros gritan con las mismas fuerzas que no. Hay sentimientos divididos. A quienes no les gusta pelear explican que la violencia “te hace sentir mal” y que “te podés lastimar”, así como que no es bueno molestar a los compañeros.

Para finalizar, los clowns, a través de un círculo que forman colocando juntas sus espaldas, van resumiendo artísticamente todo lo que se vivió a lo largo del espectáculo. Las risas vuelven a inundar la escuela, los niños aplauden y comentan entre sí lo que sintieron.

El espectáculo terminó pero el patio seguía lleno de colores, y la algarabía no menguaba entre los niños que habían sido público, creadores y protagonistas de un espectáculo divertido, lúdico, placentero, en el que sin embargo se habían tratado y elaborado temas muy serios. El espectáculo fue una pequeña muestra de que el humor es un asunto muy serio. Los niños habían hablado de violencia, de discriminación, de situaciones en las que consideraban que sus compañeros abusaban de su buena voluntad, historias que se vieron materializadas en escenas que les provocaron mucho placer. Un ejemplo de esto fue ver la inmensa risa de aquel niño que contó que le decían gordo y jorobado, al ver representada su historia. Una experiencia de discriminación y tristeza que logró exteriorizar, compartir con los demás y transformar en risa a través del arte del clown. Juego, educación, reflexión, arte, humor, creatividad, todo eso estuvo presente en esta tarde de invierno, en la que estos niños explotaron al máximo su capacidad de divertirse y reflexionar sobre las situaciones que viven en la cotidianeidad del espacio escolar, y su espontaneidad, ese gran patrimonio de la niñez, que a veces se adormece con el correr de los años.

Ya a las cuatro y media se hacía la hora de volver al salón, pero la magia permanecía en los rostros de los niños cuando empezaron las clases.

Colaboró con SaludArte: Compañía Clownback
Conducción: Marcelo Artigalás
Clown: Adolfo Noguerol, Rodrigo Peña, Natalia Ruibal, Lichi Sánchez, Mariana Schelotto, Agustina Pezzani Música: Roberto García

Crónica: Paula Simonetti   Descargar

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