FUNCION: “Hay que empezar “

FUNCION: “Hay que empezar “
FECHA: 13 de agosto de 2005
LUGAR: Ateneo Popular. Ex mercadito municipal de Av. Millán y Raffo.
PÚBLICO: Aproximadamente 35 personas de 8 a 65 años.
HORA: 16.30
PARTICIPANTES:
Daniel Jorysz (conductor)
Diego Arbelo (actor)
Jujola Bossio (actriz)
Verónica Moner (actriz)
Fernando Vannet (actor)
Nicolás Guazzone (músico)

AMBIENTE: Vereda del viejo mercadito municipal en la que se dispusieron unas 30 sillas de plástico. Delante, un escenario armado sobre la extensión de un camión y equipo sonoro.

A pesar de todas estas instalaciones se decide actuar a nivel de vereda y no utilizar el escenario-camión.

En el entorno, muchas viviendas pertenecientes a una gran cooperativa. La gente está ocupando los flancos de las sillas dejando la parte central vacía. No se nota mucha comunicación entre la gente sentada salvo entre los jóvenes que están parados detrás de las sillas.

Se disponen en el piso cubos negros y algunas ropas y telas de color. Los actores se disponen de acuerdo al siguiente orden: Jujola Fernando Diego Verónica Nicolás Daniel

PRESENTACIÓN DEL GRUPO
Daniel intenta con mucha simpatía tratar de presentar al grupo y de explicar que es SaludArte, que es el teatro espontáneo y porqué es diferente al teatro que se ofrece en otras salas, donde por lo general ya se sabe de antemano lo que se va a ver. El conductor trata de explicar que no concurren con un guión previo y que espera que el público colabore con palabras, conceptos, colores y así poder elaborar un texto entre todos.

Daniel pregunta que sensaciones tienen, que expectativas, aunque sean palabras sueltas y aparentemente sin sentido. Con mucha dificultad las palabras-concepto empiezan a surgir: “Ateneo, expectativas, esperanzas, colores, amor, voluntad, integración”. El director elabora como si fuese un tejido: “En el Ateneo del barrio hay una expectativa de colores. Están las cenizas para que comience y pase algo en el barrio.” “Con estas expectativas empezamos a actuar.”

PRESENTACIÓN DE LOS ACTORES
Verónica, ubicada al frente a la derecha comienza diciendo: “recuerdo que en mi barrio había un vecino y que yo me moría por él. Siempre mantuve vivas las expectativas de llegar a conocerlo.” Los otros actores recrean esta imagen con una escultura fluida. Los presentes aportan aplausos cortos. Una vez concluidos, comienza una rotación y cada uno de los integrantes comparte un recuerdo de barrio.

Diego nos dice que tiene la particularidad de caminar siempre por las calles permanentemente distraído pero con la particularidad de que en su barrio, los perros cagan mucho y por lo tanto el siempre vuelve con los championes siempre sucios. Dice que si bien para algunos esto puede ser un augurio de plata, no lo exime del asco de limpiarlos cuando están cagados. Los otros actores improvisan una representación en base a este recuerdo. El público responde con aplausos breves.
Fernando rememora su adolescencia cerca del “Club Bohemios” y sus intentos de disfrutar de las mujeres lindas que él contemplaba en torno a la piscina, durante el verano. Los actores representan y el público acompaña con un aplauso tipo reflejo. A mi lado se sienta un niño de aproximadamente ocho años fumando un porro de marihuana.

En otras filas, otros espectadores comen de una bandeja llena de papas fritas. En el fondo, se sienten ruidos que sabotean la presentación, provenientes de la trasmisión de una radio comunitaria. Jujola comparte sus recuerdos de barrio contando sus experiencias con su amiga Paulina, a la que ahora de grande, evoca con bronca por haber sido la causante de la ruptura de muchas de sus ilusiones, como por ejemplo, contarle que los padres eran los verdaderos Reyes Magos.

O también la de haber actuado como cómplice de su padre al inventar que se le habían muerto unos pajaritos, cuando en verdad, se le habían escapado. El resto de los compañeros representa este recuerdo, y la gente vuelve a aplaudir brevemente. Nicolás comparte que vive cambiando de barrio porque siempre se encuentra con algún desquiciado que le hace la situación incontrolable. Los demás actores representan y vuelven a obtener aplausos cortos.

Daniel evoca su vida de barrio en el Parque Rodó, con sus idas al fútbol a la cancha Maeso, los vendedores gritando, ofreciendo pizza, chorizos. Los compañeros representan este recuerdo y se quedan todos finalmente estáticos como en una foto congelada. Vuelven a aparecer más de los aplausos cortos. El conductor vuelve a salir a la búsqueda de la participación del público y apela a una pregunta simple que considera todos están en condiciones de contestar: “¿Cómo organizaron la jornada o cualquier otra cosa?” “¿Qué está pasando acá?” Obtiene como respuesta un silencio prolongado. Daniel lo aguanta sin exteriorizar mayores problemas y pregunta: ¿Nadie quiere compartir nada? Como el silencio continúa, le propone al grupo de actores que hagan una escultura fluida sobre el silencio.

Los actores así lo hacen y obtienen por primera vez, un aplauso un poco mayor del público, a lo que Daniel simplemente agrega: “Es la manera en que nosotros los vimos a ustedes”. Como otro recurso, Daniel apela a convocar a los organizadores a quienes les pide se hagan presentes para por lo menos ellos, contar historias. Con la finalidad de disminuir el compromiso, o de no crearlo, ofrece la posibilidad de que éstas, incluso sean inventadas. Alguien del público dice: “Hay un señor de cuarenta y algo que se tira a escuchar música en la plaza con el mate. Se llama Daniel, “el playero”. Juega a la paleta con el hijo de unos 20 años.” “Tiene un perro que se llama Lázaro que le ladra a los autos que pasan”.

“Es medio cascarrabia. Música escucha lo que sea: tango, cumbia, chamamé…” “El hijo se llama Sebastián y es un buen muchacho, trabaja en un cyber”. “Daniel es sereno en un edificio por la noche”. El director decide que se represente esta historia a la que se le pone el título de: “El retorno del playero”. En ella se destacan las actuaciones de Daniel como loco, la agresividad del perro Lázaro y Sebastián con su mirada perdida en un cubo negro que imaginariamente pasó a ser computadora. A muy pocos metros de donde se está representando todo esto, no más de cuatro, existe un tobogán y otros juguetes infantiles hecho con toneles pintados.

Hay ahí unos 4 o 5 niños jugando a los que curiosamente, no parece llamarles la atención nada de lo que está pasando. Otros miembros del público, sin ninguna aparente explicación, se levantan y se van. Pocho cuenta que hay un tipo, “El Palomo”, que se para frente a la comisaría, (señala con la mano hacia la esquina) y les grita a los guardas de los ómnibus que paran ahí que la Patria está llena de cadáveres. Alguien acota que este “Palomo” era un maestro y que en la dictadura enloqueció. “Va a Suárez (haciendo referencia al nombre de la calle donde vive el presidente) y le grita al presidente de turno. Trabaja como ayudante en la feria.

Alguien resume diciendo: “se rayó bien”. Diego bosteza. Nicolás saluda a los niños que pasan y pide que apaguen la radio que se escucha en el fondo. Alguien agrega que fue torturado, que siempre critica a los políticos. Daniel dice que va a mostrar el cambio de esta persona que supo ser normal a destruida, utilizando la forma de “pares”. Los actores se forman en diadas para representar “rayado” por un lado y “maestro” por otro. Aplausos.

Daniel pide al público una historia simple. Un chico alerta que quien lo haga va a quedar “pegado” si llegase a contar algo personal. El conductor reacciona y ofrece la opción de que se cuente la historia del Ateneo. Se llama a Marcos, uno de los organizadores que aparentaba estar “en la vuelta” pero que estaba atento, para que hable. Dice “estar conmovido por este elenco que se sale del circuito del centro y la costa para venir acá” Está nervioso.

Dice que hoy es el debut de este proyecto multicultural que espera que funcione. “Muchas idas y venidas para obtener el local, un confluir de proyectos: radio, cooperativa, otras organizaciones y gente vecina… Centro Comunal 13…” Lee de un papel los objetivos: “brindar un lugar para que las organizaciones sociales, intersociales e intersectoriales, las comisiones de fomento, cooperativas, sindicatos, gremios y cualquiera que lo solicitase para fines que no sean contradictorios con los objetivos planteados…” Intentar volver a “reunir las organizaciones sociales que existen y existieron en la zona, los viejos y los nuevos vecinos, para entre todos llevar adelante medidas para mejorar nuestra calidad de vida y nuestro entorno” Y siguió leyendo de unas hojas mimeografiadas “Nos conformamos con personería jurídica propia, como un centro social al servicio de la comunidad para lo cual es preciso contar con una base física (local) donde desarrollar actividades.

En ese camino estamos… Y por eso apelamos al CCZ 13, al barrio y a su gente. A los vecinos en general y en particular a los artistas, a los técnicos, a los jóvenes y sus sueños, a los niños y su alegría… en fin a todos…” Y siguió leyendo otras frases escritas en ese tono… que encerraban los objetivos que quisiera se desarrollen en el futuro. Concluye con una frase: “Hay que empezar” que se la deja los actores de SaludArte. Daniel le pide a Marcos que cuente como empezaron. Marcos delega la palabra a Ruben quien cuenta que nació en el barrio. Rememora sus recuerdos del Barrio La Floresta, del La Cabaña, del Barrio La Espada… “Se perdieron cosas como el teatro de verano, el carnaval del Club Expreso, el cine. Todo se perdió y la gente se encerró.”

“Esto está abierto para mostrar y devolver a los vecinos la educación”. Daniel pide que explique un poco mas de cómo se fue dando el proceso hasta llegar a la actualidad, estas actividades ahora abiertas. “Eran 4 o 5 y decían que tenían que convocar y conseguir un espacio. Ahí venían las ideas y se fueron sumando. No podían crear una expectativa sin tener algo.

La gente tiene muchos chichones y no se puede golpear mas”. La obtención de la personería jurídica fue importante. Ruben dice que la carne con más entusiasmo fue la aportada por los jóvenes que están parados al fondo, con las caras pintadas. Vuelve la interferencia de ruidos por parte de la radio comunal. Aparecen sonrisas… Una mujer saca fotos. José, un joven del público cuenta que es diariero y que trabaja en la Estación Sayago.

Hace un par de días, un domingo, vio asombrado que, nuevamente, la estación normalmente siempre vacía, se había llenado de gente y se subía al tren. Cuenta cómo ese día, en que “nuevamente las familias estaban juntas y con paquetes, en que padres e hijos estaban nuevamente jugando, las horas se le fueron más rápidas. Se representó este tren y el público respondió con aplausos más sentidos. Para finalizar se representó la frase “Expectativas y hay que empezar”. Los actores se funden en un gran abrazo plásticamente conmovedor, pero al cronista le queda la duda de cual será el nivel de unión entre los vecinos. ¿Cómo seguir motivando a la gente? Marcos comenta que están rodeados de cooperativistas que viven en esas casas vecinas… y ni siquiera un uno por ciento de sus habitantes, vino.

“De haberlo hecho, hubiesen llenado la calle…” dice con un tono de mezcla de tristeza y esperanza. ¿Si este es el comienzo, cómo continuar? A juzgar por la enorme cantidad de silencios, no parecían vislumbrarse con claridad, muchas opciones seguras a ser recorridas en el futuro. COMENTARIOS Luego de leída la crónica, parece que la frase elegida por los vecinos “hay que empezar”, es sin ningún tipo de dudas, el título más adecuado. La institución anfitriona tiene por delante una serie de compromisos a los que tendrá que empezar a afrontar. SaludArte en su rol de “telonero” tuvo que aportar con mucho esfuerzo, la tarea ardua de ir gestando un caldeamiento.

Se puede llegar a sentir la fuerza del aire en contra, cuando uno tiene entre manos la tarea de comenzar una tarea llena de resistencias… El cronista, luego de tantos años de experiencia, al aceptar este rol… también tuvo que enfrentarse a otra forma de empezar, a la crítica tal vez… Para los vecinos, se acabaron las etapas de planificación y comenzaron las de la práctica comprometida. Los “rayados” fueron los únicos que se salvaron del anonimato y los que terminaron siendo distinguidos con el recuerdo. Siempre estamos por empezar.

Daniel fue muy respetuoso. Tuvo que dirigir la actuación del grupo en momentos muy difíciles y lo hizo con mucho respeto. La compañía salvó con coraje y profesionalismo los silencios que se le ofrecieron del público. Habría que tomar como compromiso solidario, tratar de comprender cual es el significado que encierran esta suma de silencios.

Paradójicamente, muchas de estas voces tuvieron asilo y materialización en personajes que podemos catalogar como “traumados”. Habría que pensar con sinceridad, cuántas de nuestras partes sanas, muchas veces sintieron la necesidad de ir a gritar frente a la residencia de los presidentes de turno… El trabajo brillante realizado por los jóvenes de SaludArte se mereció ampliamente el aplauso final y el haber recibido el agradecimiento que los anfitriones, que entre todos sus silencios, tampoco tuvieron la capacidad de verbalizar. Como cronista, quisiera dejar constancia de haber sido honrado con esta posibilidad de devolución.

Por algo, por mas difícil que sea el reto: “hay que comenzar…”
José David

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