El títere nos exige ya que vive por que nosotros le damos vida

Trabajar con títeres en el hospital (por Gabriela Korovsky y Marcel Larroude)

Trabajar con títeres en el hospital Realizamos el taller de títeres con adultos y niños en situación de internación ya que esta invención cultural milenaria nos resulta una herramienta muy rica a la hora de potenciar los recursos que tienen las personas para enfrentar situaciones difíciles.
El títere abre un abanico de posibilidades en las que intervienen el juego, la creación, la expresión de la personalidad y la comunicación con los otros, dando lugar a través de la representación de situaciones reales o imaginadas, a la elaboración de experiencias muchas veces duras de la vida cotidiana.
A partir de la construcción de personajes, la elaboración y dramatización de historias, se despliega un proceso creador que habilita a entrar en un mundo de interjuego entre realidad y fantasía.

Funcionando como objeto intermediario favorece la comunicación de sentimientos, emociones, permite decir cosas que a veces cuesta expresar en forma directa. Sacando afuera los miedos, se puede pedir apoyo, se puede encontrar una mirada distinta, ayudando a descentrarse del dramatismo que resta fuerzas para enfrentar las dificultades.

El títere nos exige, ya que vive porque nosotros le damos vida. Nos representa pero a su vez nos trasciende. Nos interpreta y nos interpela. Permite reflejarnos en él , reinventar una realidad a partir de nuestra posibilidad de crear.

El proceso de creación de un personaje nos sorprende, en primer lugar, porque nunca es igual a lo que estamos tratando de hacer. Muchas veces nos gusta y muchas otras no, lo que nos obliga a buscarle la vuelta para reconciliarnos con eso que hacemos , somos , y que quizás no sea lo que querríamos ser o hacer.

El títere, como muñeco, nos retrotrae a la infancia, al juego, que en el mundo adulto queda muchas veces sin lugar, nos hace regresar a una etapa donde está presente la sorpresa, la inocencia. Nos permite poder recordar al niño que fuimos, el que tenemos dentro, que tiene ganas de jugar o siente miedo al lobo feroz.

Los juegos, a partir de la repetición de experiencias conflictivas o vividas pasivamente, permiten buscar activamente una nuevo desenlace a la situación, descargar su carga emocional, hacer catarsis, posibilitando la elaboración de esas situaciones. Es así que al jugar a matar al malo, o hacer de monstruo, o de lobo, logran que los contenidos temidos o siniestros puedan ser expresados, jugados y revisados sin tanto temor de ser tratados.

El personaje del títere o el “como sí” del juego nos permite romper con el pacto de silencio que muchas veces establecemos con los miedos. El pacto del silencio con el miedo es una trampa, porque al no nombrarlo podríamos fantasear que no existe, sin embargo, le estamos dando más poder a su existencia.

Cuando expresamos nuestros miedos, ya el hecho de sacarlos de las profundidades de nuestro ser a la luz para que lo escuchen otros, genera varios efectos. Por un lado el hecho de contarlo ya nos produce mayor dominio frente a él, traducir la emoción a palabras, nos permite incluir también la razón, tomar cierta distancia para verlo con más perspectiva y contextualizarlo más, ver sus dimensiones en forma más realista.

También el contarlo a otros, genera un intercambio en el que ya no estamos solos ante lo que nos produce temor o preocupación, podemos pedir ayuda, podemos entender que no somos los únicos a los que les sucede eso, que podemos ser entendidos, acompañados, que otros pasaron por lo mismo y salieron o reaccionaron de tal manera o de otra.

Y eso forma parte del promover los recursos que poseemos las personas, que nos ayudan a potenciar nuestra salud o a protegernos del enfermar, para poder elegir el camino de la salud y no abandonarnos al de la enfermedad.

En esto juega el amor hacia uno mismo, hacia los demás, el tener proyectos, el tener esperanza. Cuando tenemos esperanza sabemos que es como una energía que nos empuja a no desalentarnos, a luchar, a tener fuerza de voluntad para buscar salidas a las dificultades. Y en esto de estimular la esperanza, la defensa de la alegría es fundamental, como dice Mario Benedetti “defender la alegría como una trinchera,… defenderla del desencanto,… de la melancolía…”

Sabemos lo importante que resulta para ello el compartir una experiencia que nos hace reír, bromear, compartir con otros, sentir la mirada o el abrazo de otra persona, enfrentar los miedos, entender con naturalidad las cosas de la vida Es así que en el trabajo con títeres, en el vínculo con los otros, con el material y con el objeto realizado, se produce el despertar de la vivencia, en la irrepetible experiencia del presente, como un clic, como el prender la luz, donde el humor, el juego y la imaginación rescatan una nueva visión de las situaciones cotidianas, que permite salir enriquecidos por la experiencia compartida.

EL TALLER DE TÍTERES EN LA SALA DE INTERNACIÓN DE MUJERES

Antes de empezar la actividad en el hospital con mujeres, internadas en la sala de tocoginecología, dada la situación de enfermedad, algunas recién operadas, y todas con sus preocupaciones, nuestras dudas giraban en torno a si iban a encontrar ánimo y disponibilidad para aceptar la propuesta de participar de un taller de confección y puesta en escena de títeres. Para nuestra sorpresa, siempre hubo muy buena receptividad hacia la actividad.

La propuesta de Taller consiste en lo siguiente: Comenzamos por convocar en las distintas habitaciones al taller de títeres. En la mesa de la sala grande desplegamos algunos materiales, mientras van llegando las participantes.
Nos presentamos mutuamente y también la propuesta de la actividad que vamos a realizar. Hablamos sobre algunos aspectos del títeres y lo que estos macaquitos recuerdan de nuestra infancia, permiten comunicar, abrir ventanas para desplegar nuestra imaginación , creatividad, el impulso lúdico muchas veces polvoriento de tan guardado que está en el mundo adulto…

El segundo momento es el de la confección de los títeres: Con polifón se realizan las cabezas, usando tijeras y trinchetas para delinear los rasgos . Luego se pintan las caras, agregándole pelo con distintos materiales, desde lanas, hilo sisal, algodón, guata y por último la ropa, un poncho con telas de diversos colores y texturas. A partir de pocas indicaciones, se despliega un espacio de creación.

En aquella sala entre polifones, tijeras, y mate, pinturas, lanas y telas surgen comentarios y risas de sorpresa frente a las formas que aparecen de las cabezas de títeres. Los personajes empiezan a surgir por entre los rasgos, “esta nariz, me hace recordar”… , “esta boca color carmesí”. “Que este es el gorila peludo que era yo de joven”., “Ay, mirá la boca de rubí que me salió”.. “Y como puedo hacerle los pelos?, ya sé , lo voy a hacer punk”.., “Ay, a mi no me va a salir nada”, “Como que no te va a salir”, haber, probá:.., “Bueno, tan mal no me salió, verdad?…, “Este se parece a mi cuñada”, “Yo le voy a hacer uno para cada hijo mío”.., “Yo nunca hice estas cosas.. , y con lo que me gustan, yo de chica no tuve tiempo para esto, tenía que cuidar a mis hermanos”. “No, no puedo ir, (dice una paciente a un acompañante que la está llamando), estoy jugando con títeres.

Unas veces la persona hace al personaje y otras, es el personaje el que se aparece, en uno y otro caso hay que ponerle un nombre y descubrir su historia.

Siempre se genera un clima especial, todas se concentran mucho en el momento de la confección, y a su vez brotan comentarios y risas a partir de lo que les produce la tarea. Surgen recuerdos de la infancia, bromas, impresiones.
El proceso de creación es un descubrimiento, donde despliegan posibilidades que algunas personas ni sabían que disponían, o lo tenían olvidado.

Un señor que acompañaba a su mujer internada, que participó del taller, hizo un títere todo peludo que dijo que era un gorila, y se reía ya que el personaje le hizo recordar el apodo que le habían puesto en su infancia, de tan peludo que era. Y nos contó alguna anecdota de su niñez.
El personaje que hizo su mujer fue “el intelectual”, con su barba blanca , que asoció con su marido, y aprovechó a caricaturizar virtudes y defectos de su marido que pudieron ser escuchados con mucho humor.
Es así como la manipulación de los materiales, el proceso en el cual va tomando forma y carácter ese personaje, y comienza a interactuar con su autor, funciona como espejo que devuelve una imagen que interpela y sorprende, favoreciendo la multiplicación de asociaciones, de historias y recuerdos, que empiezan a circular en el espacio grupal enriqueciendo el intercambio.

La tercera etapa consiste en la PUESTA EN ESCENA: Se arma un retablo improvisado, extendiendo una tela en la puerta de la sala. Primero se propone la presentación de los distintos personajes, y luego que a partir de allí se de alguna situación de interacción entre ellos, dramatizando situaciones reales o imaginadas.. El momento de la representación genera un revuelo, los títeres cobran vida y despliegan su magia.

Si bien al principio se inhiben un poco, logran soltarse y divertirse. Acomodan las voces a los personajes que representan. El público (que son las compañeras que no están representando en ese momento) también participa interactuando con los títeres.
Y realmente es sorprendente la manera que salen a escena esos personajes generándose momentos muy divertidos y conmovedores a la vez.
Como por ejemplo la historia en donde los títeres ponen en palabras una situación que estaba pasando entre ellas, permitiendo, estos objetos intermediarios intermediadores hablar de aquello que les resultaba muy difícil o imposible plantear directamente, y al expresarlo, poder verlo sin tanto dramatismo, hasta con humor, dando aire a la situación para elaborarla en forma grupal y personal a la vez..

En la actividad se percibe el vinculo entre las pacientes y la actividad en sí posibilita un mayor conocimiento e integración entre ellas, se da también la actitud de ayudarse mutuamente. Comentan lo importante que es el conformar un grupo unido y compartir lo que están viviendo y darse apoyo entre todas. Estos aspectos funcionan como objetivos y a su vez facilitadores de la tarea de Saludarte.
Al finalizar un taller, supimos que hacía poco el grupo se había enterado de algo relacionado con una compañera paciente. Transcribimos escritos de las pacientes (de los que les pedimos que realicen al terminar el taller) que aluden a esto.
“ Te cuento que en esta sala del Pereyra todas compartimos las tristezas y alegrías y en este día todos tratamos de animar a una paciente que se había enterado de algo malo y nos afecta a todos. Gracias por lo que hacen y sigan así.”
La paciente susodicha escribió: “La esperanza, no es fingir que no existen los problemas, si no saber que no son eternos y que las heridas se curarán ….?”
Nos fuimos movilizados, conformes con cómo había salido el taller, pero también con algunas preguntas. El rato de alegría que pretendemos compartir y contagiar no pretende ser un :“olvídate del sufrimiento”, donde fingir que los problemas no existen, como un alboroto maníaco que después que pasa vuelve la cruda realidad. La propuesta no es eso, aunque ya vivir un momento de creación y alegría moviliza aspectos vitales y esperanzadores. La apuesta, ambiciosa por cierto, es la de ampliar la mirada, no mirar para otro lado, negando el sufrimiento, sino de integrarlo, y a pesar de él. poder recurrir a esas fuerzas que todos los seres humanos tenemos para luchar por la vida , la esperanza y la alegría.

Gabriela Korovsky y Marcel Larroude
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El títere nos exige ya que vive por que nosotros le damos vida