El Teatro del Oprimido como herramienta para la salud

El Teatro del Oprimido como herramienta para la salud

El Teatro del Oprimido como herramienta para la salud
Taller introductorio al Teatro Foro – Dirección: Norina Torres

Por Noelia Traversa

La actividad “El teatro del Oprimido como herramienta para la salud” se desarrolló en un amplio salón de la casa central del INJU.

El taller fue dirigido por Norina Torres, actriz, voluntaria de SaludArte, quien recientemente realizó un Curso de Intercambio en el Centro de Teatro del Oprimido de Río de Janeiro.

Con la llegada de los primeros participantes se gestó un clima guiado por la curiosidad y la expectativa. Treinta y dos personas fueron partícipes de una experiencia posiblemente novedosa para todos.

Para introducir a los participantes en el taller, Norina explicó cuál es la raíz del Teatro del Oprimido, a partir de su deseo de comunicar y compartir su experiencia en Brasil. El Teatro del Oprimido surge como un interés democratizador de los medios de producción artística. Su creador, Augusto Boal manifestó que “todos somos artistas” y que las disciplinas son formas de realizarnos como tales.

El Teatro del Oprimido se inicia a partir de la confluencia de la imagen, el sonido y la palabra; esto surge a su vez de una implicancia con lo que se llama estética del oprimido, es decir, la forma que adquiere la relación de nuestros sentidos con el mundo en que vivimos. En este sentido, adquiere un valor muy importante el juego, que resulta de un valor trascendente para poder “desestructurar la cabeza y el cuerpo”. Norina planteó cómo muchas veces tomamos voces que no son nuestras, como una suerte de reciprocidad involuntaria con esa estética del oprimido. Por ello plantea que este teatro es una respuesta a la inquietud de la voz social del teatro. Una técnica del Teatro del Oprimido es el Teatro Foro; éste consiste en la significación de un hecho real donde hay una lucha de un oprimido para lograr un objetivo. A partir de la puesta en práctica de la citada técnica, en Brasil se lograron 13 proyectos de Ley para modificar situaciones que generaban malestares en la sociedad.

Para iniciar la acción concreta de este taller, Norina propuso un juego de presentaciones. Los participantes debían situarse de a dos, cada uno se presentaba a otro diciendo su nombre, el otro debía decirle también el suyo y cada cual debía recordar el nombre de quien se le había presentado pues debía en forma inmediata presentarse a otro participante diciéndole el nombre que le habían dicho, que por supuesto ya no era el propio. Cuando cada participante se encontrara con alguien que le decía su propio nombre, debía irse del juego. Se trataba de encontrarse con uno mismo a partir de la presentación del otro. Este juego suscitó risas, sobre todo cuando varones decían nombres de mujeres y mujeres nombres de varones. Luego, Norina pidió que le agregaran un gesto al nombre, que podía ser cualquiera, una mano saludando, un salto, un movimiento de cabeza, etc. Lo que sucedió es que el gesto se fue transformando de persona a persona hasta parecerse poco o nada a lo que fue en el inicio y hasta había caras de desconcierto cuando los gestos, al presentarse, eran parecidos. Resultó “un grupo con problemas de memoria” al decir de Norina, pues muchos no encontraron a otro participante que les dijera su nombre, como era la consigna.

La facilitadora de esta actividad propuso entonces que todos se transportaran imaginariamente hacia la India; esto a partir de un nuevo juego, el “Jana Cabana”. Este consistió en que los participantes se agruparan de a tres. Dos de ellos debían formar una suerte de techo de dos aguas con los brazos levantados para el tercero que se ubicaría debajo. Siempre una persona debía quedar fuera del juego. Esa persona podía gritar “cabaña”, entonces las personas que con los brazos estaban formando un techo debían correr a armar otra “cabaña” sobre otra persona de las que estaban bajo techo, si quien quedaba fuera gritaba “persona” eran las personas que estaban bajo los techitos quienes debían correr a guarecerse dentro de otra cabaña. Pero también se podía gritar “terremoto” y ahí eran todos los participantes los que debían correr y armar cabañas o guarecerse en ellas; así sucesivamente. En el transcurso los gritos de los presentes parecían los de unos niños, y en verdad la espontaneidad se hizo protagonista.

Luego, en forma de círculo, todos parados, se propuso otro juego, ahora uno que nos transportaría hacia África, “Mosquito Africano”. Imaginamos que un mosquito se posaba en la cabeza de un compañero, entonces para matarlo este se agachaba y los participantes que estaban a sus lados se ponían enfrente uno al otro (de perfil al centro del círculo) y hacían una palma, luego el que estaba agachado se paraba y hacía una palma sobre la cabeza de quien estaba a un lado suyo, tal como lo hicieron sobre él y así sucesivamente hasta cerrar el círculo. Esta forma del juego se reiteró una vez, luego se cambió el ritmo y en lugar de una palma, se daban dos, luego tres y se cambiaba el ritmo, este fue variando y admitió la introducción de chasquidos con los dedos, palmas en el pecho y patadas al aire. El último ritmo se produjo con el cuerpo, se trataba de hacer una suerte de movimiento de espiral con los hombros.

La siguiente técnica fue “Diálogo con Ritmo”. En ella los participantes se dividieron en dos grandes grupos formando una fila contra las paredes, quedando las filas bien separadas y al centro entre ambas un integrante de cada grupo. Uno de éstos realizó gestos indicando como si tomara un vaso para tomar agua y en eso sonaba el teléfono y debía atender prontamente. Como los movimientos demandaban bastante espacio, Norina les pidió a todos que cuando realizaran esto, era preferible que los sonidos, en caso de que los hubiera fueran más abstractos. Realizada la “frase” por parte de cada integrante, su equipo que estaba formando una fila contra la pared, debía reiterarlo tres veces; luego el otro participante del otro grupo le respondía con otra “frase” también hecha de gestos y sonidos. Al final de cada diálogo, los creadores de las frases explicaron qué fue lo que dijeron con gestos y sonidos. Uno de los participantes saltaba, corría en el lugar como preparándose para ir a algún sitio. A esto, el otro participante le respondió con gesto adusto y señalando el reloj como en señal de que vea qué hora es, y le señala con el índice como indicándole que fuera a algún sitio. El otro, le respondió a su vez corriendo alrededor del otro y prácticamente burlándose de él. En realidad al contar la historia resultó la de un niño que quería salir a buscar un regalo para sí y el otro le respondía que no era hora. Es posible advertir aquí cómo surgió sin siquiera sugerirlo, una escena en la cual hubo una suerte de enfrentamiento de la voluntad del niño con la del padre.

A continuación nos trasladamos imaginariamente a Río de Janeiro, Norina invitó a caminar en una localidad llamada Santa Teresa. Aquí todos se dispersaron en el espacio. Cuando Norina dijera “¡encuentro!” debían improvisar un vínculo con otro, es decir, entre dos participantes. El vinculo estaría dado por los roles correspondientes a ambas personas, debiendo actuarlo espontáneamente. Al decir de “primera revelación de Santa Teresa” uno de los participantes debería revelar, dar a conocer algo nuevo al otro, lo cual daría un giro a la relación. Luego, al grito de “segunda revelación de Santa Teresa”, el otro participante debía revelar algo al otro que también cambiaría nuevamente la relación. Posteriormente, al grito de “¡despedida!” debían despedirse de sus parejas y seguir caminando. Los roles dictados fueron en un comienzo el de un ídolo y su fanático, las primeras revelaciones de los participantes que hacían las veces de ídolos fueron por ejemplo “mi profesión ya no me llena” o “en realidad yo hice plagio”; en general recibieron el desconcierto de sus fanáticos, pero aún algunos dijeron que no les importaba eso. Luego se despidieron y siguieron caminando. Al segundo grito de “¡encuentro!” se armaron nuevas parejas de participantes, esta vez los roles respectivos fueron el de un cura y su fiel y posteriormente el de un médico y su paciente; a la despedida de estos últimos, se formó una ronda para compartir algunas vivencias. Algunos ejemplos compartidos fueron por ejemplo una actriz que le confesaba a su seguidor que ella en realidad no estaba interesada en actuar en telenovelas, que fueron las que la hicieron famosa, diciendo esto con total naturalidad frente a los ojos de su fanático que le confesó que hacía veinticinco años que la seguía, pero que también le revelaba la faceta oculta de un asesino serial. Por otra parte salió a la luz un cura que le terminó confesando a su fiel el haber sido mujer y haberse operado para ser hombre y poder ser cura, también otro cura que al mismo tiempo era stripper, en fin, los ejemplos resultaban disparatados a veces pero no por eso menos divertidos. En cuanto a los roles de médico y paciente, encontramos una paciente a la que su médica le descubrió un embarazo cuando en realidad ella pensaba que era “retención de líquidos”.

Seguidamente Norina explicó las características del Teatro Foro. Expuso que en la construcción de los ideales, éstos no resultan iguales para todos y si se llega a descubrir qué es lo deseable, hay que ver si es viable. Se debe tener en cuenta aquí que el espectactor es quien debe promover una solución a los problemas presentados. En cuanto a esto, relató que cuando Augusto Boal en Brasil dio lugar a la creación de un Teatro Foro, él y otros actores se presentaron a los campesinos actuando espontáneamente con la premisa de tomar las armas y enfrentar a los terratenientes; evidentemente esto lo hicieron como un posible disparador para otras posibilidades, pero lo cierto es que los campesinos se pusieron de acuerdo en iniciar una lucha. Ante ello, Boal les dijo “yo soy actor”, “¡esto es todo utilería!” pues la idea no era llegar a un lugar con las soluciones a los problemas, sino permitir que las personas las hallen por sí mismas.

Como dos formas de integrar a la gente, el Teatro Foro expresa dos figuras que debieran ser claramente diferenciables: la del oprimido y la del opresor. Se entiende que hay opresión cuando existe un deseo en el oprimido que pugna por salir y hay en la figura del opresor un freno para ello. “De allí surge el conflicto que es una pregunta urgente” detalló Norina. Agregó también que “la acción se desencadena a partir de problemas que la persona “considere justos y de posible solución”; teniendo en cuenta que “el acto de transformar es transformador” para las personas, como lo plantea el mismo Boal.

Oprimido y opresor no se encuentran solos sino que siempre se presentan acompañados de otras figuras: los aliados. Entre oprimido y opresor transcurre la acción y ésta pasa por un trayecto llamado “crisis china” antes de arribar a un desenlace en el cual el oprimido no ha logrado su objetivo. La “crisis china” se denomina así pues en la lengua china, en la palabra crisis se unen los ideogramas de peligro y oportunidad. Como se ha planteado, el desenlace no es la solución, sino la situación en la cual el oprimido ha visto su voluntad trunca; sin embargo, este es motivo de que se propongan como mínimo tres alternativas posibles por parte de los espectactores.

Luego de estas pautas sobre el funcionamiento del Teatro Foro, Norina fue introduciendo a los participantes en la dinámica del mismo. Como forma de inicio se propuso a todos caminar, despejarse, respirar profundo y encontrar su propio ritmo, aquí cada cual eligió la velocidad de sus pasos, su dirección y hasta su forma de oxigenarse. Se les planteó que pensaran en alguno de los temas urgentes que quisieran compartir, que cavilaran en alguna situación personal en la cual se sintieron oprimidos. Retomando palabras de Boal, Norina sugirió que “una persona sana es aquella que puede vivir sus sueños no confesados plenamente”; quizás como forma de concientizar sobre la implicancia que puede tener en la salud la dificultad para conectarnos con nuestro deseo. A partir de esto, se les pidió que pensaran en un momento de esa situación en la cual se sintieron oprimidos; que recordaran cómo estaba su cuerpo en aquel momento, qué resonancia corporal encontraron, es decir, dónde sintieron la opresión en el cuerpo. Todos seguían caminando y se les sugirió que caminaran más lento y que también pensaran en qué mirada recuerdan haber tenido o imaginan que tuvieron. Cuando empezó a descender más el tránsito de los participantes, se formó un círculo en el cual todos estaban de espaldas al centro y donde pudieran traducir esa vivencia de opresión en una imagen corporal; cuando consiguieran esto, debían darse vuelta y quedar frente al centro del círculo representando corporalmente aquel momento. Las representaciones corporales fueron diversas, algunos parecían sostener algo muy pesado, otros semejaban estar frenando algo grande con sus manos, otros como si estuviesen tratando de subir hacia alguna parte con sus pies. Pero al estar aún con los ojos cerrados no podían verse, así fue que Norina les pidió que abrieran los ojos y que sin salir de esa representación corporal, vieran las representaciones de los otros participantes y que se unieran con aquellas imágenes que les resultaran más familiares. Así se conformaron “familias de imágenes” y se fueron agrupando como tales.

El paso siguiente fue el de reunirse en subgrupos y compartir sobre la experiencia en la cual se sintieron oprimidos, para luego elegir una de ellas y representarla en forma grupal. Una pauta importante fue que quien se hubiera sentido oprimido en esa situación, actuara como tal. En el primer grupo dos participantes, un varón y una mujer, expusieron la siguiente situación: ambos estaban a punto de finalizar un curso de primeros auxilios, entonces a él se le ocurrió que sería buena idea una donación de botiquines para los patrulleros de la policía que muchas veces son los primeros en enfrentar accidentes de tránsito, situaciones en las cuales necesitan de elementos para curar a las personas por ejemplo en el caso de accidentes. Ella por su parte, y con menos ímpetu que él, iba interponiendo la importancia de explorar qué tipo de redes se podían extender para lograr el objetivo. Él seguía planeando conseguir los botiquines en la parte de carpintería de UTU y discurriendo también que una amiga de su madre era amiga de una laboratorista, entonces así podrían conseguir los materiales necesarios para poner en los botiquines. Se decidieron así a emprender el trayecto para lograr el objetivo de alcanzar el objetivo previsto. Tocaron a la puerta de la comisaría gracias a que la madre de ella es hija de un amigo de un policía y es notorio cómo ese vínculo ajusta la comunicación entre ambos para introducir la idea de donarles botiquines. El policía, un subjefe, respondió con un “brillante” y se entusiasmó mucho con la idea. Esta buena recepción les alentó para tocar a otras puertas. En UTU les dieron también el visto bueno para su proyecto, como también en el laboratorio; sólo faltaba ir a una Comisión que sería la encargada de dar la aprobación para ejecutar el plan. Cuando se enfrentaron a la comisión, interpretada por los otros integrantes del grupo, esta denotó una actitud en la cual se miraron entre sí con descrédito acerca del proyecto que les estaban presentando, hasta que uno dijo “y….habría que pensar esto de los botiquines” porque “acá, no hay accidentes” mientras los otros asentían, acentuando más una expresión de descalificación hacia los promotores del proyecto de los botiquines. Luego de defenestrar de esta manera el mentado proyecto, decidieron en forma unánime “tomar una resolución en marzo del 2010”. Analizando la representación, vemos que se cumplió con el esquema planteado por cuanto vemos que el desenlace no fue el deseado.

En el segundo grupo se presentó una situación en la cual una de las integrantes parecía juntar cosas en el suelo, acumulando se podría decir. Juntando de un lado y de otro con mucho esfuerzo lo que resultaron ser sus ahorros para llevarlos a un lugar donde una recepcionista amable, pero cuya amabilidad parecía automatizada, le dio los “buenos días”. Se trataba del Banco Hipotecario, de un sector en el cual al ver lo que ella había juntado le dijo que con eso no le alcanzaba para un préstamo, el funcionario que le dijo esto comenzaba a caminar y le reiteró que no alcanzaba con su dinero y que tenía que pensar que si lo sacaba en determinada cantidad de años, ya a los 65 no podría pagar el préstamo porque ya no podría juntar ese dinero. Entonces ella se fue y comenzó a juntar aún más dinero, empujando con su cuerpo aquella cantidad, pero al llegar el funcionario le dijo que le faltaban 50 pesos y 50 centésimos. La expresión de indignación en el rostro de ella fue muy evidente. Así fue que comenzó a precipitarse sobre aquellos funcionarios, tratando de derribarlos de alguna manera, empujándolos con fuerza. Vimos aquí el peso de un tipo de opresión que presenta sus propias peculiaridades, la opresión institucional, la cual es muy fuerte y a veces avasallante. Norina indicó que este tipo de opresión se podía trabajar pero era más complejo hacerlo.

En el tercer grupo se presentaron tres personajes. Una mujer cocinaba mientras su marido le decía: “eso está muy atrasado”, pues él tenía apuro en salir. Él le reprochó a ella la demora en la comida por estar “atenidendo a ese gurí”, aludiendo al hijo de ambos. El chico se distrajo por la discusión entre sus padres a lo cual ella le pidió que estudie. El padre hablaba de él refiriéndose a que “es un zángano” mientras la madre, preocupada, aludía a que “el pobrecito trabaja y estudia”. El hombre lo comparó con las otras hijas de la pareja, las cuales ya se habían casado y se habían ido de la casa. Por otra parte, cuestionó a su mujer si pensaba que él había hecho poco en sus “cuarenta años como milico” y tomando mate se encrespó porque el agua estaba fría. El hijo se incorporó desde su lugar y le dijo a su padre: ”tus hijas se fueron porque no te bancan” y se fue, mientras su padre le gritó “es un comunista”. Al finalizar, Norina preguntó “¿quién es el oprimido? ¿La madre oprimida por el padre y el hijo oprimido por ambos? Hasta se podía pensar que el oprimido era ella. Aquí introdujo una puntualización necesaria: tiene que haber un deseo concreto y es importante que el oprimido luche por salir de su situación.

En el cuarto grupo se representaron una mujer y su hija, quienes fueron a comprar un auto. Muy contentas cavilaron cuándo se lo contarán al padre de la familia sin imaginar que el vendedor llamó antes a la casa y habló directamente con él. Al llegar ellas, él recibió a su esposa de una forma sumamente agresiva diciéndole “¡sos enferma, ya te dije que no te compres auto!” Ante esta situación, ella argumentó que el dinero era suyo y que ella tenía derecho a disponer de él. Ante esto, él siguió replicando y descalificándola por cuanto expresaba que con un auto ella hasta podría matar a alguien. El se tornaba cada vez más irascible hasta que en cierto momento, ella se fue de la casa, desprendiéndose con sufrimiento de los brazos de sus hijos. La situación resultó muy intensa y el citado desenlace fue doloroso desde la representación. En el análisis de Norina, puntualizó que vimos claramente el caso de una mujer que remarca el derecho a lo que le pertenece y el deseo de no querer deshacer la unión. Más allá de que no fue explícito, quien trajo esa historia al grupo narró que sí existió un intento de recomponer la situación por parte de la mujer, pero que esto no fue posible. Esto es siempre necesario, poder identificar que el oprimido luchó por remediar la circunstancia y explicitarlo.

El quinto grupo comenzó con una conversación telefónica en la cual una chica recibía un llamado en el cual le contaban que les iban a pagar un dinero por concepto de sueldos que les debían desde el mes de diciembre y que al otro día podía presentarse en la oficina correspondiente para el cobro. La chica averiguó el horario en el cual la podían atender en esa oficina y se dirigió allí al otro día. Al llegar explicó que estaba allí para cobrar un sueldo, ante esto le dijeron que eran ya las 12:05, que había llegado tarde, aunque le hubiesen dicho que estaban hasta las 13:00 horas. Se hizo evidente la negligencia de las funcionarias que le atendieron. Primero le dijeron que no tenían el cheque pero ella lo vio, se lo sacó a la funcionaria y ésta al mismo tiempo lo agarró nuevamente. Le dijeron en forma sarcástica, “volvé el lunes, lo siento, en realidad no lo siento”. Aquí vimos nuevamente la situación de opresión institucional en la cual, como ya se dijo, es muy difícil canalizar bien los esfuerzos para revertir la situación.

En el sexto grupo se representó una boda en la cual una novia marchaba hacia el altar dando el “sí acepto” mientras otras personas les aplaudían. Transcurrido un tiempo, ella se encontró con sus amigas del trabajo, a quienes les dijo estar “felíz de la vida” pues ambos, ella y su marido, estaban interesados en concebir. Al volver a su casa, ella intentó introducir en la conversación la idea de tener un hijo, él rápidamente y cambiando su tonalidad de voz hacia una más árida, le dijo “eso ya lo hablamos, yo no tengo ganas, lo vamos a tener pero yo no tengo ganas”. Ella, un tanto desconcertada y en un intento por comprender la postura de su marido, buscó argumentos de parte de él, ante lo cual el comenzó a expresar fuertes descalificaciones hacia ella, partiendo de que “¡la comida no te queda bien, te sale mal hasta limpiar y querés criar un niño!”, finalizando contundentemente con que ella no sirve para nada y le revela que en realidad él nunca tuvo ganas de tener un hijo. Norina puntualizó que en este tipo de historias se ve más urgencia, más necesidad de buscar respuestas a la situación. Alguien subrayó cómo en esta como en otra historia anterior se clarifica el hecho de ser oprimido por una persona que es al mismo tiempo una fuente de afecto, visiblemente marca otro tenor en la resonancia que el episodio puede tener en nosotros, es decir, que por ejemplo en una situación que tiene que ver con un empleo en el cual nos sentimos oprimidos, no se vivencia con tanto impacto pues no hay un vínculo afectivo, pero cuando este está, la implicación es otra.

Entre algunas consideraciones generales, Norina señaló que tanto en este caso como en la historia del cuarto grupo, surgió la cuestión del género, de lo que es esperable en este caso de las mujeres y de la opresión de las mismas. Por otra parte, subrayó que con esta técnica también se busca un resultado estético en el cual se puedan agregar elementos, por ejemplo, en el caso del cuarto grupo, la llave del auto que compró la mujer podía ser de un tamaño considerable, teniendo en cuenta lo que significaba desde el valor que se le podía adjudicar a la misma.

Norina pidió que optaran por una de las historias y tras una breve discusión sobre las posibilidades, se eligió la última representación. Se eligió un momento, el del casamiento, frente al altar de la iglesia, antes de dar el sí. Aquí Norina le pidió a la protagonista que dijera qué era lo que sentía en ese momento. Ella dijo sentir alegría, nervios. Luego le pidió lo mismo a él, dijo que en realidad él la quería a ella, no un hijo. Otro momento en el cual se congeló la acción fue cuando ella volvió a la casa luego del trabajo y se encontró con él, allí el pensó en voz alta y dijo “que no me venga otra vez con lo del hijo”. Luego, en esa suerte de enfrentamiento en el cual ambos tenían distintas premisas, ella llegó a decir que pensó en la separación. Seguidamente, Norina solicitó a alguien que pasara y que actuara en el rol de la oprimida, como forma de buscar una propuesta de solución. Una participante pasó y comenzó a actuar desde el momento en que ella volvía del trabajo e intentaba introducir en la conversación su deseo de tener un hijo. Aquí, ante la agresividad que él expresó en torno al tema, a partir de las descalificaciones, ella le pidió que la escuchara y se lo reiterara mientras él la iba empujando hacia la pared más alejada en forma violenta, aún cuando ella no mostraba agresividad, pero sí resistencia. La participante que actuó ese rol manifestó que en realidad ella sintió ganas en algún momento de agredirlo, por ello Norina expresó la importancia de no responder con violencia ante la violencia.

Otra participante pasó y actuó en el rol de la protagonista de la historia a partir de la conversación con las amigas que tenía en el trabajo. En el caso de ella, en lugar de ir a contarles con alegría que tanto ella como su marido estaban interesados en concebir un hijo, fue y lloró con ellas compartiendo su sufrimiento, en este caso expresó “siento que yo manipulé la situación. Tengo miedo de que él no me entienda” y se fue con él, siguiendo el orden de la historia. Al llegar, luego de saludarlo, ella le confesó tener miedo de que él no quiera tener hijos y que lo que ya construyeron se terminara. Cuando él la confrontó y la enfrentó físicamente cuestionándole sobre ese miedo, ella le preguntó “¿y tu miedo?”. Por un instante la cara de él se transformó en desconcierto y rápidamente expresó que él no tenía miedo. Ella arremetió desde su propia vivencia diciendo “si yo no estoy bien, algo no está funcionando, yo quiero tener un hijo y tengo miedo que vos me mandes a la mierda”. Con esto, ella puso fin a los argumentos descalificativos de él.

Un tercer participante representó a la mujer a partir del momento en que ella volvía a la casa e iniciaba el diálogo con su marido. En ese momento le comentó que estuvo charlando con sus compañeras de trabajo sobre su deseo de tener un hijo. Ante esto él respondió con un enérgico “no tengo ganas”. Quien la interpretaba a ella insistió en que le explicara por qué, él desenfundó la anulación de ella a partir de sus reclamos y de un “no hacés nada bien” y nuevamente desató su agresividad.

Quien interpretó al opresor en este caso se planteó al final si esas cosas que él le reclamaba a ella no hacer bien, él las hacía bien o no las tenía que hacer en realidad. Una de las cosas que se analizaron fue que posiblemente esta situación no se hubiese presentado de un momento a otro, sino que debía haber sido algo procesual hasta el punto en que la protagonista permitiera que el otro la descalificara de esa manera. Quien compartió esta historia asintió, pues sí, se trató de un devenir en el cual esa agresividad se fue acentuando.

Norina agregó que vale tener en cuenta que las alternativas a la situación pueden presentarse en distintos momentos de la representación y expresó que el hecho de “intentar cambiar al opresor es revalorizarnos y hacer lo que sentimos”.

Finalmente, como forma de despedida, Norina nos invitó a que imaginariamente nos trasladáramos a Italia. Nos pidió que cerráramos los ojos y que sobre la palma izquierda golpeáramos con cuatro dedos de la otra mano, luego que lo hiciéramos con tres, luego con dos y luego con uno. Fue lo que ella llamó “Lluvia Italiana”. Con los ojos cerrados se podía sentir una lluviecita que poco a poco se calmaba hasta dejar el silencio, el cual se rompió con un fuerte aplauso de agradecimiento por parte de todos. Para cerrar el taller se entregaron certificados de asistencia a los participantes.

Indudablemente este taller fue un espacio para el aprendizaje, pues como dijo Norina en algún momento y parafraseando palabras de Boal, la mejor forma de aprender es enseñar, por tanto el aprendizaje fue recíproco, potenciándose el encuentro y el arribo de la espontaneidad, la cual fortaleció en forma apreciable la comunicación y la creatividad.

Sábado 5 de abril de 2008

Últimas Entradas