Definitivamente, la risa es contagiosa

Definitivamente, la risa es contagiosa

Jarabe de Risas SaludArte-CASMU

Al llegar al quinto piso del CASMU 1, no hay nada que anuncie que esa tarde será diferente, salvo las miradas expectantes de los niños y del personal. En el largo pasillo hay silencio, sólo se escucha el bajo dialogar de las enfermeras a lo lejos, interesadas en la ficha médica de alguno de los niños, niñas y adolescentes internados ese día en el sanatorio.

En la sala de los médicos sucede algo diferente. Cada jueves no hay sólo doctoras y enfermeras que intercambian información y puntos de vista sobre la situación clínica de los pacientes, también hay risas que se escuchan como un susurro desde afuera. Son las voces de Palín Botiquín y de la Dra. Margarita, autoproclamada dueña del CASMU, que se están preparando para salir y alegrar la tarde de los pacientes internados.

Mirar a Palín y a Margarita arreglarse es todo un espectáculo. Ambos llevan sus trajes de clown. Él viste pantalón verde y lila que combina con su camiseta y una corbata amarilla que hace juego con sus tirantes sueltos. La Dra. Margarita luce un vestido rojo combinado con unas medias rosadas. Palín saca de su cartuchera plateada sus maquillajes, colorete en los cachetes, la nariz roja y pinzas en el pelo. Los dos se colocan sus lentes de doctor y, luego de escuchar atentamente el pase médico y hacer la higiene de manos, empiezan el recorrido. La Dra. Margarita dice que prefiere que no le digan dueña del CASMU porque no quiere alardear, pero igual lleva un gafete con su nombre, lo que causa mucha gracia a las enfermeras y acompañantes con los que se encuentra en el pasillo.

Al verlos caminar por allí, una niña se ríe a carcajadas, grita a viva voz “¡Payaso!” y los aplaude. En su risa se nota las ganas que tiene de que los dos payasos recorran las habitaciones en que se encuentran rápidamente para que lleguen a la suya y así poder disfrutar de su compañía, y mostrarles sus juguetes. El recorrido no se puede hacer en orden porque cuando la Dra. Margarita y Palín están yendo a la habitación 501 y 502 son interceptados por Martín, quien está en brazos por su madre. Es tanta la emoción de ese bebé de seis meses que tiene a Palín atrapado con sus manos, que no le suelta el dedo por más esfuerzo que este haga.

Martín no deja de mirarlo, su carita y sus ojos brillan de alegría, así que saltándose los formalismos, los payasos hospitalarios van directo a la habitación donde está Martín y ahí se encuentran también con Román, un niño grande y fuerte de dos años, que se pone un poco tímido con la presencia de estos doctores tan coloridos y risueños. Román se esconde bajo los brazos de su padre, pero eso no impide que Palín y la Dra. Margarita le hagan bromas, y aunque el niño quiere hacerse el serio, deja entrever una sonrisa.

Ha llegado el momento de ir a otra habitación. Para despedirse, Palín toca con su trompeta la canción de la Pantera Rosa. De mientras, Martín lo sigue mirando fascinado. “Adiós” les dicen los dos a los niños que quedan contagiados de sus risas.

Ahora sí, a empezar por el principio, el cuarto de Julieta, quien no parece estar muy cómoda en un principio con los payasos. Ellos respetan su espacio y sólo conversan y le hacen gestos divertidos desde lejos. Ella responde moviendo la cabeza, mientras abraza a su peluche, el muñeco favorito que la acompañó al hospital. Es un gusano azul, como el de Alicia en el País de las Maravillas. Palín, para entretenerla, le muestra su vaca de jardín y Margarita dice que la alimentan con dulce de leche, la nena se pone a reír.

Entre los artefactos utilizados para jugar con los niños internados, los payasos llevan un carrito con ruedas que encontraron junto a la puerta de la Sala Médica. Margarita y Palín casi causan una coalición con el carrito de la limpieza y la enfermera que está en el mostrador, que no para de reír, le dice a Margarita que como ella es la dueña del CASMU, debe pedir que pongan un semáforo en el pasillo. En el cuarto de al lado está Stefanie, quien no pone mucha atención a los payasos porque está enfrascada en la novela de la tarde, entonces Margarita y Palín empiezan a interpretar una novela. Margarita quiere ser la villana y la historia va tomando color hasta que logran que Stefanie actúe con ellos, sumándose a ese elenco tan particular.

Los amigos payasos montan una feria en la puerta de la habitación de al lado. Nicolás, al oír el alboroto fuera de su habitación, se levanta de la cama de un salto y corre a ver qué es lo que allí ofrecen. El ofrecimiento va desde una pelota hasta un dinosaurio. Palín saca nuevamente a su vaca de jardín y empieza todo un coloquio sobre si las vacan pican o muerden y una señora que pasea por el corredor le corrige y le dicen que patean. Todos quedan satisfechos con la respuesta. La abuela que ha respondido correctamente la respuesta pide a Palín una foto y aquel empieza a hacer una sesión fotográfica en el pasillo. Enfermeras, doctoras, niños y adultos ríen sin parar al ver las poses del caballero.

Ha llegado el momento de visitar a Victoria y Leonel. La niña está despierta y mira intrigada a los dos personajes. Leonel duerme pero no por mucho tiempo, ya que se despierta para ver qué ocurre a su alrededor. Al encontrarse con los payasos no sabe qué hacer. Entonces Palín se le acerca para quitarle y ponerle el chupón, Leonel se ríe, Margarita tiene en sus brazos a Victoria, ella también se ríe y le toca la cara a la payasita que ha entrado en su cuarto.

Ahora vamos a visitar el último cuarto donde están Matías y Silene, la misma niña que se puso tan alegre al ver a los payasos hospitalarios. Su espera ha terminado, ahora están su habitación. Matías les enseña sus juguetes Puki y su Mono Felipe, que le están haciendo compañía en su estadía en el sanatorio. Silene está casi curada, pronto la darán de alta y está toda agitada, saltando y jugando. Los peluches, los globos y los cuentos iluminan la habitación. Ahora Palín y Margarita hacen ruidos de animales, ha llegado el zoológico al hospital: hay elefantes, tigres, gallinas y monos, los niños y sus padres se ríen a más no poder.

Por unas horas la sala de internación dejó de ser un lugar de silencio y dolor para ser un sitio de risas, un circo improvisado con payasos y animales, un momento donde no sólo los niños disfrutan, sino también sus acompañantes, el personal de salud y los auxiliares de limpieza. Un pequeño oasis entre las preocupaciones constituido por risas, juegos, pelotas, dinosaurios, músicas de trompeta y dramatizaciones de estos amigos payasos que liberan por un rato a los niños, niñas y adolescentes internados de los juegos electrónicos, la televisión y los muñecos a pilas, estimulándolos a desarrollar su imaginación. Y aunque luego todo vuelva a la rutina del sanatorio hasta la semana siguiente, la presencia de los payasos hospitalarios brinda a los pacientes una herramienta fundamental para manejar la ansiedad de la internación: el sentido del humor. No sólo ellos se benefician, también los acompañantes y el equipo de salud, payasos incluidos, que tienen cada jueves una nueva oportunidad de aprender sobre las perspectivas de los pacientes del entorno hospitalario y su situación al observarlos, participar de sus juegos y reír junto a ellos. Definitivamente, la risa es contagiosa.

Montevideo, 6 de febrero de 2014

Payasos hospitalarios:
Palín Botiquín (Federico Leone) y
Dra. Margarita (Mariam Ghougassian)

Comunicadora:
Verónica Terán

Coordinadora del programa Jarabe de Risas:
Rasia Friedler

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