Crónica de la entrega de juguetes de Australia en el Pereira

La convocatoria era ir vestidos de clown y entregar unos juguetes que llegaron en donación desde Australia. Yo no tenía un vestuario de clown (es cierto que me podía haber armado algo) pero no tenía nariz… (es verdad que me la podría haber pintado). Pero nada de esto hice. Sólo fui.

Una vez allí dije: “veamos qué sucede”, y salí del baño donde mis compañeros, que sí tenían vestuario, se cambiaron. Todos los que estaban allí se alegraban de ver a los payasos y pensé que definitivamente ellos eran más tiernos y llamativos que yo, con mi disfraz de persona. No me preocupé, sabía que algo podría hacer.

Nos dirigimos al 6to. Piso para comenzar con la entrega, y ni bien vi la carita de alegría de los niños y la emoción de los grandes, decidí sacarles “fotos” con el alma.

Saqué muchísimas fotos, pero el revelado humano es un poco más complicado que el del papel fotográfico, ya que se terminará de revelar cuando ustedes recreen, a través de mis ojos, lo vivido esta tarde en el Pereira.

Leo un cartel que está en una puerta que dice: “Los niños deben permanecer en las salas”.

Apenas termino de leerlo, un payaso pasa corriendo por el corredor y un niño (que debía permanecer en la sala) sonríe y sale corriendo detrás de payaso.

Es que hoy hay fiesta en el Pereira. Hay payasos, regalos y lo que puede y no puede ser parece medio relativo.

Los regalos son porque sí. No es Navidad, ni el día del niño, ni reyes ni nada, sólo porque sí, o quizás porque Brian lleva 3 operaciones de rodilla y eso es sin duda una buena razón. Además su mamá nos cuenta que hace poco fue su cumpleaños. Todos cantamos el “Que los cumplas feliz” para Brian y el payaso decide que eso es suficiente motivo para otro regalo. Brian disfruta el doble, no deja de sonreír y la mamá sale corriendo a un payaso que sin querer le tiró la antena del televisor. Brian ríe aún mas, hay regalos, hay payasos y mamá juega con ellos.

Dos niños jugaban a la conga junto con su padre, llegó un payaso, les dio los regalos e intentó intervenir en el juego de cartas, pero los pequeños decidieron que era mejor jugar con papá. Yo estoy de acuerdo con ellos y el payaso sé que también. No hay nada como jugar con papá.

Había una pequeña que decía que le daban miedo los payasos, le dijeron que tenían regalos y la niña dijo que se le había pasado el miedo.

Después de esto vi a la pequeñita jugando y riendo con el payaso. Es más, cuando el payaso se fue, la niña lo siguió por el corredor. Es así, la pequeñita me lo recordó: el miedo pasa cuando uno se enfrenta a él. Igual pienso que ojalá yo tuviera su valentía.

Una señora sale y pregunta si ella puede colaborar de alguna manera, sí queríamos que organice una colecta entre los otros padres para ayudar con nosotros. Ya que era muy lindo lo que estábamos haciendo.

Dos mamás muy jóvenes piden más regalos, para sus primos, para otros niños…y querían elegirlos ellas. Un señor le explica que es uno por niño que se encuentre ahí, de lo contrario no iban a alcanzar. Una de las mamás miró la muñeca que le había tocado a su hija y dijo “y…esta muñequita me venís a dar…”
Bueno, está la foto y el negativo de la foto.

Desde que entré al Pereira pensé: ¿por qué los hospitales se parecen tanto a los hospitales? ¿por qué no son diferentes, con cuartos redondos o corredores que no sean corredores? En uno de los cuartos veo como más allá de la aparente frialdad de la arquitectura, el habitar con alegría un lugar lo hace uno y la decoración corre por cuenta de nuestras ganas de embellecer algo. En ese cuarto habían inflado unos guantes de látex y los habían colgado como globos. Pero no sólo eso, también los habían pintado con colores y uno de ellos decía “Te quiero”.

Había niños sin adultos, les dieron los juguetes y uno de ellos contó que estaba ahí por problemas de drogas, usó palabras como “jetiar, jalar, cemento”. Todos seguramente pensamos que esos en última instancia eran problemas de adultos. El ambiente sé qué se puso tenso, pero un payaso le robó en broma su juguete y el niño se puso a jugar. Y todo cambió, como cuando uno suspira profundo.

Les dejo esta última, que es un resumen de todas las sonrisas: las caras de emoción de los padres, los bebés casi hipnotizados por los payasos y las risas. Un lugar que se lo ve tan frío, lleno de historias cálidas. O momentos de explosión cortados rotundamente por la realidad, como cuando en uno de los pisos todos reíamos a carcajadas y dos enfermeros como guardianes de la puerta que está por detrás, nos hace “shhhh” y simplemente señala un cartel que dice “Block Quirúrgico”.

Bueno vivir tiene eso… nos pasan cosas…la cosa es qué hacemos nosotros con lo que nos pasa.

*Actividad organizada por la Sra. Mirta Rey, con la participación de artistas de la Fundación SaludArte.
Clowns: Angie Oña, Lichi Sánchez y Jorge Bell.
Cronista: Cecilia Sánchez

Área de Pediatría del Centro Hospitalario Pereira Rossell. 8 de junio de 2005. Montevideo, Uruguay.

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