Conviviendo con la bipolaridad

Conviviendo con la bipolaridad

Hacia una cultura de inclusión social Compañía de Danza Espontánea Fundación SaludArte.
bipolaridad

Encuentro artístico de sensibilización y comunicación
Organizado por: Asociación de Bipolares del Uruguay (ABIPU).

¿Cómo escuchar y hacer oír la voz de quienes padecen la discriminación y la exclusión social? ¿Cómo y qué significa asumir la responsabilidad colectiva con respecto a la bipolaridad? ¿Qué miradas pueden aportar las personas con discapacidad al conjunto de la comunidad? ¿Cómo pasar de una cultura de la indiferencia, la piedad, el miedo y la culpa hacia una cultura de derechos, integración social y diversidad? ¿Cómo generar espacios de sensibilización, expresión y cuestionamiento de los estigmas descalificadores que ponen el acento en el déficit de las personas?

La Fundación SaludArte trabaja desde hace once años con recursos y estrategias artísticas que favorecen la escucha activa y empática en espacios grupales para promover la salud de la población. La Danza Espontánea fue la metodología empleada en este encuentro, un recurso que permitió integrar la dimensión emocional en el tratamiento del tema y abrir nuevas perspectivas vitales.

A través de la presentación inicial, la conductora facilitó un clima creativo y relajado para un encuentro humano participativo en el que se crearía una obra colectiva, a partir de la recreación de diferentes experiencias y sentimientos que personas del público aportaran.

Luego se presentaron los artistas, compartiendo con el público algo personal con relación al tema convocante. Una bailarina contó que el compañero de su madre era bipolar y la alentó de forma exageradamente entusiasta en lo que era su pasión: bailar. Agregó que su energía la ayudó, viéndose alentada por su motivación. Otra artista contó que de adolescente su hermana estuvo deprimida durante un año y ella la acompañó. Al mejorarse, su hermana le mostró lo importante que fue para ella contar con su apoyo. Otra bailarina compartió que su madre es bipolar, que sólo la conoció de esa manera y la quiere así, tal como es. También relacionó sus logros con el apoyo familiar.

Por último, la facilitadora contó que tuvo la oportunidad de acompañar a personas con bipolaridad en sus mayores tormentas y en sus días más soleados, y que esto le permitió apreciar la importancia de aceptar las propias oscilaciones de estados de ánimo como parte de la vida y aprender a convivir con ellas. Cada relato fue recreado a través de la danza, y esta modalidad se mantuvo durante todo el encuentro.

Desde el público respondió E., contando que él tiene más de cincuenta años y que a los dieciséis le diagnosticaron bipolaridad. Sus padres fallecieron recientemente y ahora vive con su tía, quien también estaba entre el público. Destacó que su familia lo ha ayudado mucho a vivir mejor.

Luego habló M., también del público. “Siempre luché mucho para tener lo que tengo. Toda mi vida fui hiperactiva, tipo flash: hice reformas en mi casa, crié tres chiquilines, trabajé y estudié… pero hubo un antes y un después. A los cuarenta y seis años colapsé. Mi padre se enfermó, mi marido se volvió un ser intransigente y mi colaboradora no podía creer que yo estuviera así, sin levantarme de la cama durante un día entero. Sentí como si durante toda mi vida hubiese estado viajando a millones de kilómetros por segundo y de repente, en determinado momento, me hubiese chocado contra una pared”.

Se representó esta situación. M. eligió como título de su historia: “La vida son dos trazos y un borrón”. Dijo que aprendió que nada es para siempre y por eso hay que aprovechar los buenos momentos. En cuanto a la representación, dijo: “Muy bien recreado, captaron exactamente lo que siento. Gracias por permitirme compartir mi experiencia”. La facilitadora acotó: “Hasta el dolor más profundo puede volverse más manejable cuando se comparte”.

Luego, otra persona contó que convivió con la bipolaridad desde la niñez pero sólo se la diagnosticaron cuando tenía veintidós años y fue entonces cuando comenzó a medicarse. Dijo que a veces pierde las ganas de vivir o no encuentra un motivo para hacerlo. Antes su familia era muy unida pero más adelante se vio obligada a salir a flote por sí misma. “Voy de crisis en crisis”, agregó. Actualmente está intentando mejorar su vida. Siente que está viviendo una especie de adolescencia tardía: “a veces actúo como una niña”. Hizo años de terapia pero finalmente le dijo al terapeuta que no quería ir más porque no tenía ganas de hablar. “Sigo intentando conocerme más a mí misma”, destacó. También aportó un título para su escena: “El antes y el después”. En ésta, vemos a una mujer girando confundida, enredándose en una tela. El psicólogo la ayuda a quitársela pero ella no se deja. Otros también intentan ayudarla, pero ella no lo permite. Queda sola, cubierta por una capa negra, hasta que finalmente logra quitársela y se levanta, triste pero más expectante. El público aplaude, emocionado.

La conductora pregunta entonces a las personas del público cómo se sienten, qué les sugiere lo que han visto y oído.

Se escucharon los siguientes comentarios: “Me siento mucho mejor” y “¡¡¡Fuerza M.!!!”.

El elenco recreó estas palabras.
F., pidió si podían realizar una escena inversa a la interior. En decir, en vez de representar el optimismo, mostrar el sentimiento de frustración, de tener un proyecto pero no saber cómo emprenderlo y que éste no resulte como se esperaba, lo cual produce rabia y hasta odio.

Esta escena fue llevada a cabo.
Otra espectadora, pasó al escenario. “Me sentí muy tocada, me llegó mucho”, expresó. Contó que ella, así como M., era hiperactiva. En el 2007 se internó. Antes, su casa estaba llena de niños que jugaban con su hijo, y ella tenía muchas amigas. El hijo tiene ahora veintiún años y su madre lo define como “introvertido y afectuoso”… “cuando entré en crisis me sostuvo y tiempo después tomó distancia, apartándose de mí”. También tiene una hija “Es hiperactiva, alegre, sabe relacionarse con las personas sin juzgarlas, aceptarlas como son, algo que yo estoy aprendiendo” dice S. Cuenta ella que antes ayudaba a sus amigas e hijos y siente que todos se apoyaban en ella en cuanto a la responsabilidad de educar a los niños pero que, tiempo más tarde, cuando ella necesitó ser cuidada y atendida, esas mismas personas no estuvieron para apoyarla.

Ahora le resulta difícil hacer amigos y procura evitar que se repita esta situación de ser el soporte de otros sin obtener reciprocidad.

S. titula su historia: “¿Cómo salir de una soledad?”. Al terminar de representarse la escena, ella comenta: “La situación fue esa exactamente. No sé cómo hicieron incluso para hacer los mismos gestos que mis hijos sin conocerlos. Gracias…”.

M. acota que lo más importante que aprendió es a ser más benevolente consigo misma. Los bailarines recrean artísticamente la aceptación.

Por último, C., de treinta y seis años, pasó al escenario. Fue diagnosticada hace cuatro años. “Me aferro mucho a mis dos hijos. Descuido mi vida por la de ellos. Hoy no iba a venir para estar con mis niños pero S. me dijo que debía ser fuerte para fortalecerlos a ellos, y que también era importante que tuviera un espacio propio sin sentirme culpable”. Los intérpretes realizaron una escena a partir de esta situación y al terminar, C. dijo lo que descubrió en ese momento: “Al ver esa representación me di cuenta de que hay personas que me quieren ayudar pero no pueden, porque yo no las dejo”.

Habló la madre de S.: “Quiero destacar el valor de ABIPU, que no sólo ayuda al paciente sino que también a su familia, que sufre tanto como éste. Cada bipolar es una escuela de vida y quiero manifestar que en esta asociación conocí a muchos que se convirtieron en mis amigos con mayúscula”. Los actores representaron los sentimientos de los diferentes familiares a través de una figura coreográfica llamada “foto”. S. pasó al frente y fue señalando a cada uno de los artistas. A medida que los señalaba, los personajes cobraban vida emitiendo los siguientes comentarios improvisados:

Salí.
No salgo nada.

Necesito ir más arriba.
Precisamos estar juntos.

Te estoy apoyando.

Qué bueno tener a alguien que me entienda.
A continuación, se realizó una síntesis artística, volviendo a interpretar los momentos “clave” de la obra recién creada.

La facilitadora agradeció a todos y en especial a Sarah, directora de ABIPU, quien posibilitó el encuentro.

Sarah, a su vez, expresó su agradecimiento a todos. “Me siento contenta por difundir lo que hacemos en la asociación”, afirmó. Si hubiese tenido apoyo en mis años de crisis todo habría sido más fácil. De esta forma busco aportar mi granito de arena y mientras mis piernas y mi mente funcionen, ABIPU seguirá adelante”.

Así concluyó un encuentro único que permitió a todos los participantes comprender mejor la experiencia de la bipolaridad desde sus propias voces, imágenes, metáforas y movimientos, favoreciendo el surgimiento de nuevos sentidos más esperanzadores.
Montevideo, 28 de julio de 2010

Compañía de Danza Espontánea Fundación SaludArte

Directora: Rasia Friedler Bailarines: Analía Álvarez, Ioel Bethania, Rodrigo Peña, María Noel Rosas, Natalia Ruibal, Mariana Schelotto.

Músico: Bruno Lucas

Registro fotográfico: Natalie Katz

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