Cómo vivir juntos

Cómo vivir juntos

Una experiencia única de creación colectiva

Por Sylvia Murninkas

comunidad

El “Consejo Uruguayo De Mujeres Judías Shalom Bait – Paz en el Hogar” tiene entre otros objetivos trabajar para revaluar la condición de la mujer, sin discriminación política o religiosa. Sus objetivos están orientados a capacitar y organizar el trabajo voluntario, fomentar la sensibilización comunitaria en el ámbito de la educación, la infancia, la tercera edad, la salud y el bienestar de la población, los derechos humanos y la protección ambiental y la interrelación con otras instituciones, judías y no judías.

En su programa cultural organizan charlas mensuales abiertas a todo público. En esta oportunidad la actividad contó con la participación de la Compañía de Danza Espontánea de la Fundación SaludArte, bajo la dirección de la psicóloga Rasia Friedler. El propósito fue crear un espacio interactivo entre artistas y espectadores que abriera la posibilidad de sentir, pensar y actuar con respecto a “Cómo vivir juntos”.

Luego de hacer una introducción al tema y a la metodología de este original género artístico, Rasia propuso al público, con el fin de crear un clima de confianza y “grupalizar” al público, que las personas se miraran entre sí, que sus miradas circularan por el espacio. Ojos y risas expectantes tomaron un primer plano en ese gran salón lleno de gente, cuya atención no decayó ni un segundo durante todo el espectáculo. Gradualmente las voces se fueron apagando y las miradas cobraron protagonismo. Verse y acariciarse desde los ojos era, sin duda, una propuesta diferente. Así se dio paso a un camino de sensibilización, exploración y elaboración de un problemática que atraviesa todas las religiones y los estratos sociales: la violencia doméstica. “Por cada caso de violencia física, hay muchos más de violencia psicológica, verbal, sexual, étnica, política y económica. Por cada caso que sale a la luz, hay muchos más que permanecen en silencio. A veces la violencia resulta tan familiar y cotidiana que se torna invisible para quienes la padecen”, advirtió la directora.

Los integrantes de la compañía artística comenzaron a contar sus propias historias. Nada era ficticio, a todos les había sucedido algo que en algún momento intentaba sostenerse en ese delicado equilibrio, en ese desafío cotidiano que es el vivir juntos. Virginia, Natalia, Gonzalo, Lichi y Analía transformaron hechos en sentimientos y sentimientos en movimientos. El público se fue conmoviendo e identificando con lo representado. Entonces: “un compañero violento”, “mis padres divorciados y yo con mis dos vidas”, “mi padre uno adentro y otro fuera de mi casa” y “nuestra locura de a dos”, fueron convirtiéndose en pequeñas danzas y representaciones que llegaron a todos los que allí estábamos a flor de piel, en nada ajenos a todas aquellas situaciones. Descubrir formas pacíficas de relacionarse con los otros es un arte a cultivar en estos tiempos.

El público está atento, acompaña y también participa activamente. Expresa sensaciones, sentimientos, deseos, temores, experiencias vividas. Una espectadora comenta que lo que está viendo le resulta terapéutico. Profesionales presentes: una médica, una abogada, una psicomotricista y el público en general cuentan también situaciones para ser representadas por los actores. Se escuchan los títulos que la misma gente que narra elige: “Injusticia”, “Indiferencia”, “Impotencia”, “Desprotección”, “Soledad”. La compañía de danza utiliza diversos recursos técnicos para desplegar al máximo sus posibilidades expresivas. Así se van tejiendo progresivamente pequeñas obras colectivas que van haciéndose una, que resulta ser mucho más que la suma de todas y de todos los presentes. De a poco, y aunque muchos permanecimos sentados en nuestros lugares, fuimos bailando la misma danza.

La sensibilidad fue el hilo conductor para una toma de conciencia de diversos ángulos y matices del drama social y particular de cada uno. Y de esa forma el arte, la risa, la creatividad y la espontaneidad se revelaron indispensables para afrontar los conflictos de la vida cotidiana y transformar la realidad.

Montevideo, 23 de julio de 2008

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